Sri Caitanya Caritamrita

Antya-lila
Capítulo 12: Los intercambios amorososentre el Señor Sri Caitanya Mahaprabhuy Jagadananda Pandita

Texto* 1: ¡Oh, devotos!, que siempre gocéis de gran felicidad en escuchar, cantar y meditar acerca de la vida y las características de Sri Caitanya Mahaprabhu, que son trascendentales.
Texto* 2: ¡Toda gloria a Sri Caitanya Mahaprabhu, que es plenamente misericordioso! ¡Toda gloria a Nityananda Prabhu, que es un océano de misericordia!
Texto* 3: ¡Toda gloria a Advaita Ācarya, que también es un océano de misericordia! ¡Toda gloria a todos los devotos de Sri Caitanya Mahaprabhu, cuyo corazón está siempre lleno de misericordia!
Texto* 4: La mente de Sri Caitanya Mahaprabhu estaba siempre triste debido a un sentimiento de separación de Krsna que se manifestaba en todo momento.
Texto* 5: En Su llanto, el Señor decía: «¡Oh, Mi Señor Krsna, que eres Mi vida misma! ¡Oh, hijo de Maharaja Nanda!, ¿a dónde voy a ir? ¿Dónde podré encontrarte? ¡Oh, Suprema Personalidad que Te llevas la flauta a la boca y la haces sonar!».
Texto* 6: Ésa era Su situación día y noche. Sin poder encontrar paz en la mente, pasaba las noches con gran dificultad en compañía de Svarupa Damodara y Ramananda Raya.
Texto* 7: Mientras tanto, todos los devotos viajaron desde sus hogares en Bengala para ver a Sri Caitanya Mahaprabhu.
Texto* 8: Guiados por Sivananda Sena, Advaita Ācarya y otros, los devotos se reunieron en Navadvipa.
Texto* 9: En Navadvipa se juntaron también los habitantes de Kulina-grama y Khanda.
Texto* 10: Nityananda Prabhu estaba predicando en Bengala, de modo que Sri Caitanya Mahaprabhu Le había dado la orden de no ir a Jagannatha Puri. Aquel año, sin embargo, fue con el resto del grupo a ver al Señor.
Texto* 11: También Srivasa Thakura estaba allí con sus tres hermanos y su esposa, Malini. Ācaryaratna también viajaba en compañía de su esposa.
Texto* 12: Venían también la esposa de Sivananda Sena y sus tres hijos. Raghava Pandita se unió a ellos, llevando sus famosas bolsas de comida.
Texto* 13: Vasudeva Datta, Murari Gupta, Vidyanidhi y muchos otros devotos iban a ver a Sri Caitanya Mahaprabhu. Todos juntos, llegaban a doscientos o trescientos.
Texto* 14: En primer lugar, los devotos fueron a ver a Sacimata para pedirle permiso. Después, muy felices, partieron hacia Jagannatha Puri cantando en congregación el santo nombre del Señor.
Texto 15: Sivananda Sena se encargaba de pagar las sucesivas aduanas. Mantenía a todos los devotos, y se sentía muy feliz de guiarles.
Texto* 16: Sivananda Sena cuidaba de todos y daba a cada devoto un lugar para alojarse. Conocía todos los caminos que llevaban a Orissa.
Texto* 17: Un día, el grupo tuvo que parar en un control de aduanas, pero, finalmente, el recaudador dejó pasar a los devotos, y Sivananda Sena se quedó a pagar los impuestos.
Texto* 18: El grupo llegó a un pueblo y esperó bajo un árbol, pues nadie más que Sivananda Sena sabía dónde podían alojarse.
Texto* 19: Mientras esperaba, Nityananda Prabhu comenzó a tener mucha hambre y Se enfado mucho. Como todavía no Le habían dado un alojamiento adecuado, Se puso a hablar mal de Sivananda Sena.
Texto* 20: «Sivananda Sena no se ha preocupado de Mi alojamiento —Se quejaba—, y Me estoy muriendo de hambre. Por no haber venido todavía, maldigo a sus tres hijos a que mueran.»
Texto* 21: Al escuchar la maldición, la esposa de Sivananda Sena se echó a llorar. Justo entonces, Sivananda regresó del puesto de peaje.
Texto* 22: Llorando, su esposa le dijo: «El Señor Nityananda ha maldecido a nuestros hijos a que mueran porque todavía no ha recibido Su alojamiento».
Texto* 23: Sivananda Sena contestó: «¡Mujer loca! ¿Por qué lloras sin motivo? Que mis tres hijos mueran en compensación por las molestias que hemos causado a Nityananda Prabhu».
Texto* 24: Dicho esto, Sivananda Sena fue a ver a Nityananda Prabhu, quien entonces Se levantó y le dio una patada.
Texto* 25: Muy complacido de la patada recibida, Sivananda Sena rápidamente encontró alojamiento para el Señor en casa de un lechero.
Texto* 26: Sivananda Sena tocó los pies de loto de Nityananda Prabhu y Le llevó a Sus habitaciones. Tras dar alojamiento al Señor, Sivananda Sena, muy complacido, dijo lo siguiente.
Texto* 27: «Hoy me has aceptado como sirviente y me has castigado como merecía por mi ofensa.
Texto* 28: «Mi querido Señor, Tu reprimenda es Tu misericordia sin causa. ¿Quién, en los tres mundos, puede entender Tu verdadera naturaleza?
Texto* 29: «Ni siquiera el Señor Brahma puede obtener el polvo de Tus pies de loto. Aun así, Tus pies de loto han tocado mi despreciable cuerpo.
Texto* 30: «Hoy han conocido el éxito mi nacimiento, mi familia y mis actividades. Hoy he obtenido la culminación de los principios religiosos, el crecimiento económico, la satisfacción de los sentidos y, en última instancia, el servicio devocional al Señor Krsna.»
Texto* 31: Al escuchar esto, el Señor Nityananda Se sintió muy feliz. Se levantó y, con mucho amor, abrazó a Sivananda Sena.
Texto* 32: Muy complacido con el comportamiento de Nityananda Prabhu, Sivananda Sena se dedicó a buscar alojamiento para todos los vaisnavas, comenzando por Advaita Ācarya.
Texto* 33: Una de las características de Sri Nityananda Prabhu es Su naturaleza contradictoria. Cuando Se enfada y da una patada a alguien, en realidad es por su beneficio.
Texto* 34: El sobrino de Sivananda Sena, Srikanta, que era hijo de su hermana, se sintió ofendido y, en ausencia de su tío, hizo un comentario al respecto.
Texto* 35: «Mi tío es bien conocido por ser uno de los devotos íntimos de Sri Caitanya Mahaprabhu, pero el Señor Nityananda Prabhu afirma Su superioridad dándole una patada.»
Texto* 36: Tras decir esto, Srikanta, que no era más que un muchacho, dejó el grupo y viajó en solitario hasta la morada de Sri Caitanya Mahaprabhu.
Texto 37: Cuando ofreció reverencias al Señor, Srikanta llevaba todavía la camisa y la chaqueta. Por eso Govinda le dijo: «Mi querido Srikanta, primero quítate esas ropas».
Texto* 38: Al escuchar a Govinda hacer esta advertencia a Srikanta, Sri Caitanya Mahaprabhu dijo: «No le molestes. Deja que Srikanta haga lo que quiera, pues ha venido aquí con la mente afligida».
Texto* 39: Sri Caitanya Mahaprabhu preguntó a Srikanta acerca de todos los vaisnavas, y el muchacho Le dio noticia de ellos, nombrándoles uno tras otro.
Texto* 40: Cuando escuchó al Señor decir: «Está afligido», Srikanta Sena comprendió que el Señor es omnisciente.
Texto* 41: Por esa razón, mientras hacía la relación de los vaisnavas, no mencionó que el Señor Nityananda había dado una patada a Sivananda Sena. Entre tanto, los devotos llegaron y fueron a ver al Señor.
Texto* 42: Sri Caitanya Mahaprabhu les recibió a todos, tal y como había hecho en años anteriores. Las mujeres, sin embargo, vieron al Señor desde una cierta distancia.
Texto* 43: El Señor dispuso de nuevo el alojamiento de los devotos y, a continuación, les llamó para comer los remanentes de los alimentos ofrecidos al Señor Jagannatha.
Texto* 44: Sivananda Sena presentó sus tres hijos a Sri Caitanya Mahaprabhu. Como eran hijos suyos, el Señor fue muy misericordioso con los muchachos.
Texto* 45: El Señor Caitanya preguntó el nombre del más pequeño, y Sivananda Sena hizo saber al Señor que se llamaba Paramananda dasa.
Texto* 46-47: En cierta ocasión, Sivananda Sena había visitado a Sri Caitanya Mahaprabhu en Su morada y el Señor le había dicho: «Cuando tu hijo nazca, dale el nombre de Puri dasa».
Texto* 48: El niño estaba en el vientre de la esposa de Sivananda, y nació cuando Sivananda regresó a casa.
Texto* 49: Conforme a la orden del Señor, el niño recibió el nombre de Paramananda dasa, y el Señor, bromeando le llamaba Puri dasa.
Texto 50: Cuando Sivananda Sena presentó el niño a Sri Caitanya Mahaprabhu, el Señor metió el dedo de Su pie en la boca del niño.
Texto* 51: Nadie puede atravesar el océano de la buena fortuna de Sivananda Sena, pues el Señor consideraba a toda la familia de Sivananda la Suya propia.
Texto* 52: El Señor almorzó en compañía de todos los devotos, y, después de lavarse las manos y la boca, dio una orden a Govinda.
Texto* 53: «Mientras estén en Jagannatha Puri —dijo—, la esposa y los hijos de Sivananda Sena deben recibir los remanentes de Mi comida.»
Texto* 54: Paramesvara era un confitero que vivía en Nadia, cerca de la casa de Sri Caitanya Mahaprabhu.
Texto* 55: Cuando era niño, el Señor visitaba una y otra vez la casa de Paramesvara Modaka. El confitero daba al Señor leche y dulces, y el Señor los comía.
Texto* 56: Paramesvara Modaka sentía afecto por el Señor desde que era un niño, y ese año estaba entre los que habían ido a ver al Señor a Jagannatha Puri.
Texto* 57: Cuando ofreció reverencias al Señor, dijo: «Soy el mismo Paramesvara». Al verle, el Señor le hizo preguntas con mucho afecto.
Texto* 58: Sri Caitanya Mahaprabhu dijo: «Paramesvara, bendito seas. ¡Qué bien que hayas venido!». Paramesvara entonces dijo al Señor: «Mukundara Mata también ha venido».
Texto 59: Al escuchar el nombre de Mukundara Mata, el Señor Caitanya titubeó, pero, por el afecto que sentía hacia Paramesvara, no dijo nada.
Texto 60: Una relación íntima lleva a veces a las personas a pasar por alto la etiqueta formal. De ese modo, con su conducta simple y afectuosa, Paramesvara en realidad complació al Señor en el corazón.
Texto* 61: Todos los devotos se ocuparon en la ceremonia de limpiar el templo de Gundica y danzaron ante el carro del Ratha-yatra, tal y como habían hecho en el pasado.
Texto* 62: Durante cuatro meses seguidos, los devotos asistieron a todos los festivales. Las esposas, como Malini, ofrecieron a Sri Caitanya Mahaprabhu invitaciones a almorzar.
Texto* 63: Los devotos habían traído toda clase de alimentos bengalíes que gustaban a Sri Caitanya Mahaprabhu. Además, en sus casas cocinaron cereales y hortalizas y los ofrecieron al Señor.
Texto* 64: Durante el día, Sri Caitanya Mahaprabhu Se ocupaba en diversas actividades con Sus devotos, pero de noche sentía intensamente la separación de Krsna y solía llorar.
Texto* 65: De ese modo, el Señor pasó los cuatro meses de la estación de las lluvias ocupado en diversos pasatiempos, y después ordenó a los devotos bengalíes que regresasen a sus hogares.
Texto* 66: Todos los devotos de Bengala invitaban periódicamente a Sri Caitanya Mahaprabhu a almorzar, y el Señor les hablaba con palabras muy dulces.
Texto* 67: «Todos vosotros venís a verme cada año —dijo el Señor—. Sin duda, venir aquí y después regresar debe de causaros muchas incomodidades.
Texto* 68: «Me gustaría prohibiros que vinierais, pero disfruto tanto de vuestra compañía que Mi deseo de estar con vosotros no hace más que aumentar.
Texto* 69: «Ordené a Sri Nityananda Prabhu que no saliese de Bengala, pero ha desobedecido Mi orden y ha venido a verme. ¿Qué puedo decir?
Texto* 70: «Por Su misericordia sin causa, también Advaita Ācarya ha venido. Estoy en deuda con Él por Su afectuosa conducta. Me es imposible saldar esa deuda.
Texto* 71: «Todos Mis devotos vienen aquí sólo por Mí. Olvidando el hogar y la familia, viajan por caminos muy difíciles para venir aquí a toda prisa.
Texto* 72: «Yo no paso fatigas ni dificultades, pues Me quedo aquí, en Nilacala, Jagannatha Puri, y no Me muevo lo más mínimo. Todo ello, gracias a vosotros.
Texto* 73: «Soy un mendicante y no tengo dinero. ¿Cómo puedo recompensaros por vuestra generosidad?
Texto* 74: «Este cuerpo es todo lo que tengo, y por ello os lo entrego. Ahora, si lo deseáis, podéis venderlo donde más os plazca. Es propiedad vuestra.»
Texto* 75: Cuando los devotos escucharon estas dulces palabras del Señor Sri Caitanya Mahaprabhu, su corazón se derretía y derramaban lágrimas sin cesar.
Texto* 76: El Señor estrechó entre Sus brazos a todos Sus devotos, y, mientras les abrazaba, lloraba sin cesar.
Texto* 77: Todos se quedaron allí, incapaces de marchar, y de ese modo pasaron otros cinco o siete días.
Texto* 78: Advaita Prabhu y el Señor Nityananda Prabhu presentaron estas palabras a los pies de loto del Señor: «De forma natural, el mundo entero está en deuda contigo por Tus atributos trascendentales.
Texto* 79: «Pero Tú, con Tus dulces palabras, atas de nuevo a Tus devotos. En esas circunstancias, ¿quién puede irse a otra parte?»
Texto* 80: Entonces Sri Caitanya Mahaprabhu les calmó serenamente, y Se despidió de cada uno de ellos.
Texto* 81: En particular, el Señor aconsejó a Nityananda Prabhu: «Tú no debes venir aquí una y otra vez. En Bengala tendrás Mi compañía».
Texto* 82: Los devotos de Sri Caitanya Mahaprabhu comenzaron el viaje llorando, mientras el Señor Se quedaba, muy triste, en Su morada.
Texto* 83: El Señor ató a todos con Su misericordia trascendental. ¿Quién puede pagar su deuda por la misericordia de Sri Caitanya Mahaprabhu?
Texto* 84: Sri Caitanya Mahaprabhu es la Personalidad de Dios completamente independiente, y hace danzar a todos conforme a Su deseo. Por eso, abandonando Su compañía, los devotos regresaron a sus hogares en distintas regiones del país.
Texto* 85: Como una marioneta danza conforme a la voluntad del titiritero, todo se lleva a cabo por la voluntad del Señor. ¿Quién puede entender las características de la Suprema Personalidad de Dios?
Texto* 86: El año anterior, Jagadananda Pandita, siguiendo la orden del Señor, había regresado a la ciudad de Nadia para ver a Sacimata.
Texto* 87: Cuando llegó, ofreció oraciones a sus pies de loto. A continuación le entregó la prenda de vestir y el prasadam del Señor Jagannatha.
Texto* 88: Ofreció reverencias a Sacimata en nombre del Señor Caitanya Mahaprabhu y le comunicó todas las oraciones de sumisión que el Señor le ofrecía.
Texto* 89: Madre Saci se sintió muy complacida de la venida de Jagadananda. Él le hablaba del Señor Caitanya Mahaprabhu, y ella escuchaba día y noche.
Texto* 90: Jagadananda Pandita dijo: «Mi querida madre, a veces el Señor viene aquí y come todos los alimentos que tú has ofrecido.
Texto* 91: «Después de comerlo todo, el Señor dice: “Hoy, Mi madre Me ha llenado hasta el cuello.
Texto* 92: «Yo voy allí y como los alimentos que Mi madre ofrece, pero ella no puede entender que Yo lo como directamente. Cree estar soñando”.
Texto* 93: Sacimata dijo: «Yo desearía que Nimai comiese todas las verduras tan buenas que Le cocino. Ése es mi deseo.
Texto* 94: «A veces pienso que Nimai las ha comido, pero después pienso que sólo estaba soñando.»
Texto* 95: De ese modo, Jagadananda Pandita y madre Saci hablaban día y noche de la felicidad de Sri Caitanya Mahaprabhu.
Texto* 96: Jagadananda Pandita visitó a todos los demás devotos de Nadia. Todos estaban muy felices de tenerle entre ellos.
Texto* 97: A continuación, Jagadananda Pandita fue a ver a Advaita Ācarya, quien también Se sintió muy feliz de estar con él.
Texto* 98: Vasudeva Datta y Murari Gupta estaban tan complacidos de ver a Jagadananda Pandita que le retenían en sus hogares y no le dejaban marcharse.
Texto* 99: De labios de Jagadananda Pandita escucharon narraciones confidenciales acerca de Sri Caitanya Mahaprabhu y, con la gran felicidad de escuchar acerca del Señor, se olvidaron de sí mismos.
Texto* 100: Siempre que Jagadananda Pandita iba a visitar la casa de un devoto, ese devoto sentía tanta felicidad que inmediatamente se olvidaba de sí mismo.
Texto* 101: ¡Toda gloria a Jagadananda Pandita! Él goza del favor de Sri Caitanya Mahaprabhu en tal medida que todo el que le encuentra piensa: «Ahora he obtenido la compañía directa de Sri Caitanya Mahaprabhu».
Texto* 102: Jagadananda Pandita pasó algún tiempo en casa de Sivananda Sena; allí prepararon unos dieciséis setas de aceite de sándalo perfumado.
Texto* 103: Con el aceite aromático llenaron una vasija grande. Jagadananda Pandita la llevó hasta Nilacala, Jagannatha Puri, con muchísimo cuidado.
Texto* 104: Jagadananda confió el aceite a Govinda, y le pidió: «Por favor, utiliza este aceite para dar masaje al cuerpo del Señor».
Texto* 105: Govinda dijo entonces a Sri Caitanya Mahaprabhu: «Jagadananda Pandita ha traído aceite de sándalo perfumado.
Texto* 106: «Su deseo es que Su Señoría Se aplique un poco de ese aceite en la cabeza, de modo que la presión sanguínea debida a la bilis y el aire baje de forma considerable.
Texto* 107: «En Bengala ha preparado una vasija grande de ese aceite, y la ha traído hasta aquí con muchísimo cuidado.»
Texto 108: El Señor contestó: «Un sannyasi no usa aceites, y mucho menos aceites perfumados como éste. Llévatelo de aquí inmediatamente.»
Texto* 109: «Entrega ese aceite al templo de Jagannatha, donde lo pueden quemar en las lámparas. De ese modo, el trabajo que se ha tomado Jagadananda en preparar el aceite será un perfecto éxito.»
Texto* 110: Cuando Govinda llevó este mensaje a Jagadananda Pandita, Jagadananda guardó silencio y no dijo una palabra.
Texto* 111: Al cabo de diez días, Govinda dijo de nuevo a Sri Caitanya Mahaprabhu: «Jagadananda Pandita ha expresado su deseo de que Su Señoría acepte el aceite».
Texto* 112: Al escuchar esto, el Señor, muy enfadado, dijo: «¿Y por qué no pagar a un masajista para que Me dé masajes?
Texto 113: «¿He entrado en la orden de sannyasa para disfrutar de esos placeres? Aceptar ese aceite sería Mi ruina, y todos vosotros os reiríais de Mí.
Texto* 114: «Cualquiera que pasase por la calle, al oler ese aceite en Mi cabeza, Me tomaría por un dari sannyasi, un sannyasi tántrico que vive con mujeres.»
Texto* 115: Al escuchar estas palabras de Sri Caitanya Mahaprabhu, Govinda guardó silencio. A la mañana siguiente, Jagadananda fue a ver al Señor.
Texto* 116: Sri Caitanya Mahaprabhu dijo a Jagadananda Pandita: «Mi querido Pandita, tú Me has traído aceite de Bengala, pero no puedo aceptarlo porque pertenezco a la orden de vida de renuncia.
Texto* 117: «Entrega el aceite al templo de Jagannatha para que lo quemen en las lámparas. De ese modo, no habrá sido en vano el trabajo que te ha llevado prepararlo.»
Texto* 118: Jagadananda Pandita contestó: «¿Quién Te cuenta esas historias falsas? Yo no he traído ningún aceite de Bengala».
Texto* 119: Con estas palabras, Jagadananda Pandita sacó la vasija de aceite de la habitación y, tirándola al suelo en el patio, la rompió ante Sri Caitanya Mahaprabhu.
Texto* 120: Tras romper la vasija, Jagadananda Pandita regresó a su casa, echó el cerrojo y se acostó.
Texto* 121: Tres días más tarde, Sri Caitanya Mahaprabhu Se presentó a la puerta de su habitación y dijo: «Mi querido Jagadananda Pandita, levántate, por favor.
Texto* 122: «Mi almuerzo de hoy quiero que lo cocines tú personalmente. Ahora voy a ver al Señor en el templo. Volveré al mediodía.»
Texto* 123: Una vez que Sri Caitanya Mahaprabhu, tras estas palabras, Se hubo marchado, Jagadananda Pandita se levantó, se bañó y se puso a cocinar toda clase de hortalizas estofadas.
Texto* 124: Cumplidos Sus deberes rituales del mediodía, el Señor regresó para almorzar. Jagadananda Pandita lavó los pies del Señor y Le ofreció un asiento.
Texto* 125: Había cocinado arroz de calidad y, después de mezclarlo con ghi, había formado un montículo en una hoja de banano. Alrededor, en cuencos de corteza de banano, había servido también estofados de hortalizas.
Texto* 126: Sobre el arroz y los guisos había flores de tulasi, y frente al Señor había pasteles, arroz dulce y otros tipos de prasadam de Jagannatha.
Texto* 127: El Señor dijo: «Extiende otra hoja con una ración de arroz y verduras, de modo que hoy podamos almorzar juntos tú y Yo».
Texto* 128: Sri Caitanya Mahaprabhu alzó las manos, dispuesto a no tocar el prasadam, hasta que Jagadananda Pandita, con mucho afecto y amor, dijo lo siguiente.
Texto* 129: «Por favor, toma prasadam Tú primero, y yo comeré más tarde. No desatenderé Tu petición.»
Texto* 130: Sri Caitanya Mahaprabhu aceptó entonces el almuerzo, sintiéndose muy feliz. Después de probar los guisos de hortalizas, volvió a hablar.
Texto* 131: «Hasta cuando cocinas enfadado —dijo—, preparas una comida deliciosa. Eso demuestra que Krsna está muy complacido contigo.»
Texto* 132: «Como Él mismo probará la comida, Krsna te hace cocinar muy bien.
Texto* 133: «¡Qué nectáreo el arroz que ofreces a Krsna! ¿Quién puede calcular el límite de tu buena fortuna?»
Texto* 134: Jagadananda Pandita contestó: «Quien lo va a comer es quien lo ha cocinado. En lo que a mí respecta, me he limitado a buscar los ingredientes».
Texto* 135: Jagadananda Pandita continuó ofreciendo al Señor toda clase de platos de hortalizas. El Señor continuaba comiendo muy feliz, y, por temor a contrariarle, no decía nada.
Texto* 136: Jagadananda Pandita estaba tan deseoso de servir al Señor que Le obligó a comer diez veces más de lo que solía.
Texto* 137: Una y otra vez, cuando el Señor deseaba levantarse, Jagadananda Pandita Le servía más estofados de verduras.
Texto* 138: Sri Caitanya Mahaprabhu no Se atrevía a decirle que no Le sirviese más. Así, continuó comiendo, temeroso de que Jagadananda ayunase si Él Se negaba.
Texto* 139: Finalmente, el Señor dijo con mucho respeto: «Mi querido Jagadananda, ya Me has hecho comer diez veces más de lo que tengo por costumbre. Ahora, por favor, no Me sirvas más».
Texto* 140: Sri Caitanya Mahaprabhu Se levantó y Se lavó las manos y la boca, mientras Jagadananda Pandita traía especias, un collar de flores y pasta de madera de sándalo.
Texto* 141: Tras aceptar la pasta de sándalo y el collar de flores, el Señor Se sentó y dijo: «Ahora debes comer tú. Que Yo te vea».
Texto* 142: Jagadananda contestó: «Mi Señor, Tú ve a descansar. Yo tomaré prasadam después de que termine de preparar algunas cosas.
Texto* 143: «Ramai Pandita y Raghunatha Bhatta han sido los cocineros, y quiero darles un poco de arroz y verduras.»
Texto* 144: Sri Caitanya Mahaprabhu dijo entonces a Govinda: «Tú quédate aquí. Cuando el pandita haya comido, ven a decírmelo».
Texto* 145: Dicho esto, Sri Caitanya Mahaprabhu Se marchó. Jagadananda Pandita, entonces, dijo a Govinda lo siguiente.
Texto* 146: «Corre a dar masaje a los pies del Señor —dijo—. Puedes decirle: “El pandita acaba de sentarse a almorzar”.
Texto* 147: «Te guardaré remanentes de la comida del Señor. Cuando Se haya dormido, ven y toma tu parte.»
Texto* 148: Jagadananda Pandita sirvió entonces los remanentes de la comida del Señor a Ramai, Nandai, Govinda y Raghunatha Bhatta.
Texto* 149: Él mismo comió también los remanentes de la comida de Sri Caitanya Mahaprabhu. Entonces, el Señor envió de nuevo a Govinda.
Texto* 150: .El Señor le dijo: «Ve y mira si Jagadānanda Paṇḍita está comiendo. Después, vuelve rápidamente y házmelo saber».
Texto* 151: Al ver que Jagadananda Pandita comía realmente, Govinda fue a decírselo al Señor, quien, ya tranquilo, Se retiró a dormir.
Texto* 152: Así continuaron las afectuosas relaciones de Jagadananda Pandita y el Señor Sri Caitanya Mahaprabhu, exactamente como las relaciones entre Satyabhama y el Señor Krsna que se narran en el Srimad-Bhagavatam.
Texto* 153: ¿Quién puede calcular el límite de la fortuna de Jagadananda Pandita? Él mismo es el ejemplo de su propia buena fortuna.
Texto 154: Todo el que escuche acerca de las relaciones de amor entre Jagadananda Pandita y Sri Caitanya Mahaprabhu, o que lea el libro de Jagadananda titulado Prema-vivarta, podrá entender qué es el amor. Además, alcanzará el amor extático por Krsna.
Texto 155: Orando a los pies de loto de Sri Rupa y Sri Raghunatha, siempre deseando su misericordia, yo, Krsnadasa, narro el Sri Caitanya-caritamrta, siguiendo sus pasos.