Texto* 1: Sukadeva Gosvami dijo: ¡Oh, rey Pariksit!, del mismo modo que el alma encarnada tiene seis sentidos, el rey Nahusa tuvo seis hijos: Yati, Yayati, Samyati, Āyati, Viyati y Krti.
Texto 2: Cuando se asume el cargo de rey o de jefe de gobierno, no es posible entender el sentido de la autorrealización. Sabiendo esto, Yati, el hijo mayor de Nahusa, no aceptó el poder que su padre le ofrecía para que gobernase.
Texto* 3: Saci, la esposa de Indra, por el trato deshonesto que recibió de Nahusa, el padre de Yayati, se fue a quejar a Agastya y otros brahmanas santos, quienes maldijeron a Nahusa a caer de los planetas celestiales y verse degradado a un cuerpo de serpiente pitón. Como consecuencia de ello, Yayati heredó el reino.
Texto* 4: El rey Yayati tenía cuatro hermanos menores, a quienes permitió gobernar las cuatro direcciones. Yayati se casó con Devayani, la hija de Sukracarya, y con Sarmistha, la hija de Vrsaparva, y gobernó toda la Tierra.
Texto 5: Maharaja Pariksit dijo: Sukracarya era un brahmana muy poderoso, y Maharaja Yayati era un ksatriya. Siento curiosidad por saber cómo se produjo ese matrimonio pratiloma entre un ksatriya y una brahmana.
Texto* 6-7: Sukadeva Gosvami dijo: Un día, la hija de Vrsaparva, Sarmistha, que era inocente pero de naturaleza irascible, se paseaba por el jardín de palacio en compañía de Devayani, la hija de Sukracarya, y miles de amigas más. El jardín estaba lleno de flores de loto y de árboles con flores y frutos, y estaba habitado por abejorros y pájaros de dulces trinos.
Texto* 8: Cuando llegaron a la orilla de un estanque, aquellas muchachas de ojos de loto desearon disfrutar de un baño. Dejando sus ropas en la orilla, se pusieron a jugar, salpicándose agua las unas a las otras.
Texto* 9: Mientras jugaban en el agua, vieron de pronto al Señor Siva, que pasaba por allí montado a lomos de su toro y acompañado de su esposa, Parvati. Las muchachas, que estaban desnudas, sintieron mucha vergüenza y, saliendo del agua a toda prisa, se cubrieron con sus ropas.
Texto* 10: Cuando Sarmistha, sin darse cuenta, se puso las ropas de Devayani, Devayani se irritó con ella y le dirigió las siguientes palabras.
Texto* 11: ¡Oh!, ¡mirad cómo se comporta esta criada, Sarmistha! Como un perro que roba la mantequilla clarificada destinada a un sacrificio, se ha puesto mi vestido, pasando por alto toda forma de etiqueta.
Texto* 12-14: Nosotros pertenecemos a la clase de los brahmanas cualificados, que son considerados el rostro de la Suprema Personalidad de Dios. Los brahmanas han creado el universo entero con su austeridad, y siempre mantienen la Verdad Absoluta en lo más profundo del corazón. Ellos han trazado la senda de la buena fortuna, la senda de la civilización védica, y son el único objeto digno de adoración en este mundo; tanto es así que hasta los grandes semidioses, los dirigentes de los planetas, y hasta la Suprema Personalidad de Dios, que es la Superalma, el purificador supremo, el esposo de la diosa de la fortuna, les ofrecen oraciones y les adoran. Y nosotros somos todavía más respetables porque pertenecemos a la dinastía de Bhrgu. Pero esta mujer, cuyo padre, como todos los demonios, es discípulo nuestro, se ha atrevido a ponerse mi vestido, exactamente como un sudra que se apodera del conocimiento védico.
Texto* 15: Sukadeva Gosvami dijo: Ante aquellas crueles palabras de reproche, Sarmistha se enfadó mucho. Resollando como una serpiente y mordiéndose el labio inferior con los dientes, respondió a la hija de Sukracarya con las siguientes palabras.
Texto 16: Tú, pedigüeña, ¿por qué tienes que hablar tanto, si ni siquiera entiendes tu posición? ¿No andáis todos vosotros por nuestra casa esperando que os demos el sustento? ¿No dependéis de nosotros como los cuervos?
Texto* 17: Después de insultar a Devayani con esas desagradables palabras, Sarmistha, muy iracunda, tiró a la hija de Sukracarya a un pozo y se llevó sus ropas.
Texto* 18: Después de tirar a Devayani al pozo, Sarmistha volvió a casa. Entre tanto, el rey Yayati, que había salido de cacería, se acercó casualmente al pozo para beber y vio allí a Devayani.
Texto* 19: Nada más ver a Devayani desnuda en el pozo, el rey Yayati le tendió la parte superior de su vestimenta para que se cubriese. Mostrándose muy bondadoso con ella, la tomó de la mano y la ayudó a salir del pozo.
Texto 20-21: Con palabras saturadas de amor y cariño, Devayani dijo al rey Yayati: ¡Oh, gran héroe!, ¡oh, rey, conquistador de las ciudades de tus enemigos!, al tomar mi mano me has aceptado por esposa. No dejes que sea tocada por nadie más, pues nuestra relación como marido y mujer ha sido dispuesta por la providencia, y no por ningún ser humano.
Texto 22: Gracias a que caí en el pozo, te encontré a ti. En verdad, nuestro encuentro ha sido obra de la providencia. Cuando maldije a Kaca, el hijo del gran sabio Brhaspati, él, a su vez, me maldijo a mí diciendo que no me casaría con un brahmana. Por lo tanto, ¡oh, héroe de poderosos brazos!, no es posible que yo me case con un brahmana.
Texto 23: Sukadeva Gosvami continuó: Aquel matrimonio, que normalmente no se recomendaba en las Escrituras, no era del agrado del rey Yayati, pero, en parte porque había sido dispuesto por la providencia, y en parte porque se sentía atraído por la belleza de Devayani, el rey aceptó su ruego.
Texto* 24: Después, cuando el sabio rey regresó a su palacio, Devayani volvió a su casa llorando y le contó a su padre, Sukracarya, todo lo que había ocurrido por culpa de Sarmistha. Le contó que Sarmistha la había tirado al pozo y que el rey la había salvado.
Texto 25: Cuando escuchó lo que le había sucedido a Devayani, Sukracarya se sintió muy dolido. Renegando de la profesión sacerdotal y alabando la profesión de uñcha-vrtti [recoger granos de los campos], salió de casa con su hija.
Texto* 26: Cuando el rey Vrsaparva supo que su guru, Sukracarya, venía a su casa a castigarle o a maldecirle, le salió al encuentro y, en la misma calle, se postró a sus pies y le satisfizo, logrando así aplacar su ira.
Texto 27: El poderoso Sukracarya persistió en su enfado por unos momentos, pero, una vez satisfecho, dijo a Vrsaparva: Mi querido rey, ten la bondad de cumplir el deseo de Devayani, pues es mi hija, y en este mundo no puedo abandonarla ni desatenderla.
Texto* 28: Tras escuchar lo que Sukracarya le pedía, Vrsaparva prometió cumplir el deseo de Devayani, y quedó a la espera de sus palabras. Devayani expresó entonces su deseo: «Cuando mi padre disponga que yo me case, mi amiga Sarmistha vendrá conmigo como sirvienta, junto con sus amigas».
Texto 29: Vrsaparva fue sabio y pensó que disgustar a Sukracarya era muy peligroso, y que complacerle supondría ganancias materiales. Por consiguiente, cumplió la orden de Sukracarya y le sirvió como un esclavo. Entonces puso a su hija Sarmistha en manos de Devayani para que la sirviese como esclava, junto con miles de mujeres más.
Texto* 30: Cuando Sukracarya concedió la mano de su hija a Yayati, dispuso que Sarmistha fuera con ella, pero advirtió al rey: «Mi querido rey, nunca permitas que esa muchacha, Sarmistha, se acueste contigo».
Texto* 31: ¡Oh, rey Pariksit!, un día, al ver que Devayani había tenido un hermoso hijo, Sarmistha se acercó al rey Yayati en el momento adecuado para la concepción. En un lugar apartado, pidió al rey, el esposo de su amiga Devayani, que le permitiera tener un hijo a ella también.
Texto 32: Cuando la princesa Sarmistha pidió un hijo al rey Yayati, éste, que era bien consciente de los principios de la religión, consintió en satisfacer su deseo. Aunque recordaba la advertencia de Sukracarya, pensó que aquella unión era la voluntad del Supremo, de modo que tuvo relación sexual con Sarmistha.
Texto* 33: Devayani fue madre de Yadu y de Turvasu, y Sarmistha lo fue de Druhyu, Anu y Puru.
Texto* 34: La orgullosa Devayani, cuando supo por vía de terceros que Sarmistha estaba embarazada de su esposo, se volvió loca de rabia y se marchó inmediatamente a casa de su padre.
Texto* 35: El rey Yayati, que era muy lujurioso, siguió a su esposa, la detuvo y trató de calmarla con palabras agradables y masajes en los pies, pero no logró satisfacerla de ninguna forma.
Texto* 36: Sukracarya no podía contener su ira: «¡Tú, necio mentiroso, que andas tras las mujeres! - dijo - , has cometido un gran error, y por ello te maldigo. Que la vejez y la invalidez te ataquen y te desfiguren».
Texto 37: El rey Yayati dijo: «¡Oh, brahmana erudito y venerable!, mis deseos de disfrutar con tu hija aún no están satisfechos». Sukracarya respondió entonces: «Si encuentras a alguien que acepte darte su juventud, puedes cambiársela por tu vejez».
Texto* 38: Después de recibir esta bendición de Sukracarya, Yayati pidió a su hijo mayor: Mi querido hijo Yadu, por favor, dame tu juventud a cambio de mi invalidez de anciano.
Texto 39: Mi querido hijo, aún no he satisfecho mis deseos sexuales. Pero si tú fueras bondadoso conmigo, podrías aceptar la vejez que tu abuelo materno me ha impuesto y yo tomaría tu juventud para disfrutar de la vida durante algunos años más.
Texto 40: Yadu contestó: Mi querido padre, tú ya has llegado a la vejez, aunque también has sido joven. Yo, por mi parte, no doy la bienvenida a tu vejez y tu invalidez, pues no se puede alcanzar la renunciación sin haber disfrutado de la felicidad material.
Texto* 41: ¡Oh, Maharaja Pariksit!, Yayati acudió también a sus hijos Turvasu, Druhyu y Anu para pedirles que le cambiaran la juventud por su vejez, pero ellos, que no eran conscientes de los principios religiosos, pensaban que su efímera juventud iba a ser eterna, y se negaron a cumplir la orden de su padre.
Texto* 42: El rey Yayati hizo entonces la misma petición a Puru, que era más joven pero más cualificado que esos tres hermanos, y le dijo: «Mi querido hijo, no seas desobediente como tus hermanos mayores, pues no es ése tu deber».
Texto 43: Puru contestó: ¡Oh, Majestad!, ¿quién en este mundo puede saldar la deuda contraída con su padre? Por la misericordia de nuestro padre, recibimos la forma humana de vida, que nos da la oportunidad de alcanzar la compañía del Señor Supremo.
Texto 44: Un hijo de primera categoría es aquel que se anticipa a los deseos de su padre; el que actúa después de recibir la orden de su padre es de segunda categoría; y de tercera es el que cumple la orden de su padre sin mostrar una actitud respetuosa. Pero un hijo que se niega a obedecer a su padre es como el excremento del padre.
Texto* 45: Sukadeva Gosvami dijo: De ese modo, ¡oh, Maharaja Pariksit!, el hijo llamado Puru se sintió muy complacido de aceptar la vejez de su padre, Yayati, que tomó la juventud de su hijo y disfrutó del mundo material conforme a sus necesidades.
Texto* 46: El rey Yayati pasó entonces a gobernar el mundo entero, que está compuesto de siete islas, y fue como un padre para los ciudadanos. Como había recibido la juventud de su hijo, sus sentidos conservaban todo su vigor; así disfrutó de toda la felicidad material que pudo desear.
Texto* 47: En lugares solitarios, y valiéndose de la mente, las palabras, el cuerpo y todos los artículos necesarios, Devayani, la querida esposa de Maharaja Yayati, llevó siempre a su marido la mayor bienaventuranza trascendental posible.
Texto* 48: El rey Yayati celebró una serie de sacrificios, en los cuales, para satisfacer al Señor Supremo, Hari, que es el origen de todos los semidioses y el objeto de todo el conocimiento védico, ofreció a los brahmanas regalos en abundancia.
Texto 49: El Señor Supremo, Vasudeva, que creó la manifestación cósmica, Se manifiesta en Su forma omnipresente, como el cielo que sostiene las nubes. Y cuando la creación es aniquilada, todo entra de nuevo en el Señor Supremo, Visnu, y las diversidades dejan de manifestarse.
Texto 50: Libre de deseos materiales, Maharaja Yayati adoró al Señor Supremo, que está situado en el corazón de todos en la forma de Narayana y que es invisible para los ojos materiales, aunque existe en todas partes.
Texto 51: A pesar de ser rey del mundo entero y a pesar de ocupar su mente y sus cinco sentidos durante mil años en el disfrute de las posesiones materiales, Maharaja Yayati no lograba sentirse satisfecho.