mātāmaha-kṛtāḿ vatsa
na tṛpto viṣayeṣv aham
vayasā bhavadīyena
raḿsye katipayāḥ samāḥ
mātāmaha-kṛtām — dada por tu abuelo materno, Śukrācārya; vatsa — mi querido hijo; na — no; tṛptaḥ — satisfecho; viṣayeṣu — en la vida sexual, la complacencia de los sentidos; aham — yo (estoy); vayasā — por edad; bhavadīyena — de Tu Gracia; raṁsye — yo disfrutaré de la vida sexual; katipayāḥ — por unos pocos; samāḥ — años.
Ésa es la naturaleza de los deseos de disfrute. En la Bhagavad-gita (7.20), se dice: kamais tais tair hrta-jñanah: Quien está demasiado apegado a la complacencia de los sentidos pierde su buen juicio. La palabra hrta-jñanah se refiere a alguien que ha perdido el buen juicio. He aquí un ejemplo: el desvergonzado padre pide a su hijo que le cambie la juventud por su vejez. Por supuesto, el mundo entero se halla bajo la influencia de esa ilusión. Por eso se dice que todos somos pramattah, exclusivamente locos. Nunam pramattah kurute vikarma: La persona que se vuelve prácticamente loca, se entrega a la vida sexual y al placer de los sentidos. No obstante, la vida sexual y la complacencia de los sentidos pueden controlarse; la perfección se alcanza cuando no se tienen deseos sexuales, lo cual sólo es posible en el estado de conciencia de Krsna plena.
yadavadhi mama cetah krsna-padaravinde
nava-nava-rasa-dhamany udyatam rantum asit
tadavadhi bata nari-saṅgame smaryamane
bhavati mukha-vikarah susthu-nisthivanam ca
«Desde que me ocupo en el servicio amoroso trascendental de Krsna, saboreando en Él un placer siempre nuevo, cuando pienso en el placer sexual, escupo en el pensamiento, y mis labios se tuercen con asco». El deseo sexual sólo se puede detener cuando somos totalmente conscientes de Krsna; no hay otra manera. Mientras sintamos deseos sexuales, tendremos que transmigrar de un cuerpo a otro para disfrutar de la vida sexual en diferentes especies y formas. Puede que las formas sean distintas, pero la ocupación, la vida sexual, es la misma. Por eso las Escrituras dicen: punah punas carvita-carvananam: Las personas que están muy apegadas a la vida sexual transmigran de un cuerpo a otro, siempre con la misma ocupación de «masticar lo ya masticado», probando el mismo sabor del disfrute sexual en un cuerpo de perro, de cerdo, de semidiós, y así sucesivamente.