śrī-pūrur uvāca
ko nu loke manuṣyendra
pitur ātma-kṛtaḥ pumān
pratikartuḿ kṣamo yasya
prasādād vindate param
śrī-pūruḥ uvāca — Pūru dijo; kaḥ — qué; nu — en verdad; loke — en este mundo; manuṣya-indra — ¡oh, Majestad, el mejor de los seres humanos!; pituḥ — al padre; ātma-kṛtaḥ — que ha dado este cuerpo; pumān — una persona; pratikartum — recompensar; kṣamaḥ — puede; yasya — de quien; prasādāt — por la misericordia; vindate — se disfruta; param — vida superior.
El padre pone la semilla del cuerpo, y esa semilla va creciendo y madurando hasta que se obtiene un cuerpo humano completamente desarrollado, con una conciencia superior a la de los animales. En el cuerpo humano podemos elevarnos hasta los planetas superiores y, todavía más, si cultivamos nuestra conciencia de Krsna, podemos ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios. El cuerpo humano, que es tan importante, se obtiene por la gracia del padre; por esa razón, todos tenemos una deuda con nuestro padre. Por supuesto, padres y madres también hemos tenido en otras vidas; hasta los perros y los gatos tienen padres. Pero, en la forma de vida humana, los padres pueden dar a su hijo la más elevada bendición enseñándole a ser un devoto. El devoto alcanza la bendición más elevada porque se aleja definitivamente del ciclo de nacimientos y muertes. Por lo tanto, el padre que educa a su hijo en el cultivo de conciencia de Krsna es el más generoso del mundo. Los sastras dicen:
janame janame sabe pitamata paya
krsna guru nahi mile bhaja hari ei
Todos tenemos un padre y una madre, pero, si logramos la bendición de Krsna y del guru, podemos conquistar la naturaleza material e ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios.