Texto 1: Sukadeva Gosvami continuó: Mi querido rey Pariksit, las puertas exteriores e interiores de la prisión quedaron cerradas como antes. En ese momento, todos los habitantes de la casa, y especialmente los encargados de la vigilancia, despertaron escuchando el llanto del recién nacido.
Texto 2: Inmediatamente, los guardias corrieron a ver a Kamsa, el rey de la dinastía Bhoja, y le informaron del nacimiento del hijo de Devaki. Kamsa, que aguardaba esta noticia lleno de ansiedad, actuó sin perder ni un instante.
Texto 3: Kamsa saltó inmediatamente de la cama, pensando: «¡He aquí a Kala, el supremo factor tiempo, que ha nacido para matarme!». Obsesionado con esta idea, sin siquiera peinarse, Kamsa acudió inmediatamente al lugar en que había nacido el niño.
Texto 4: Sin poder hacer otra cosa, Devaki suplicó lastimosamente a Kamsa: Mi querido hermano, te deseo toda buena fortuna. No mates a esta niña. Ella será tu nuera. En verdad, es indigno de ti matar a una mujer.
Texto 5: Mi querido hermano, por la influencia del destino has matado ya muchos bebés, cada uno de ellos tan brillante y hermoso como el fuego. Pero, por favor, perdóname esta hija. Dámela como regalo.
Texto* 6: Mi señor, hermano mío, yo soy muy pobre, pues me he visto privada de todos mis hijos, pero, aun así, soy tu hermana menor. Por eso, sería digno de ti que me dejases esta última hija como regalo.
Texto 7: Sukadeva Gosvami continuó: Abrazando a su hija y llorando de un modo que inspiraba compasión, Devaki suplicó a Kamsa que le diera aquel bebé, pero Kamsa era tan cruel que la reprendió y le arrebató violentamente el bebé de las manos.
Texto* 8: Kamsa, llevado de su intenso egoísmo, había roto todo vínculo con su hermana. Allí mismo, de rodillas, cogió a la recién nacida por las piernas y trató de aplastarla estrellándola contra la piedra.
Texto 9: La niña, Yogamaya-devi, la hermana menor del Señor Visnu, se escurrió de las manos de Kamsa y apareció en el cielo en la forma de Devi, la diosa Durga, con ocho brazos y perfectamente armada.
Texto* 10-11: La diosa Durga estaba adornada con collares de flores, ungida con pasta de madera de sándalo y vestida con ropas de gran calidad, alhajas y piedras preciosas. En sus manos llevaba un arco, un tridente, flechas, un escudo, una espada, una caracola, un disco y una maza, y recibía la adoración de apsaras y kinnaras, uragas, siddhas, caranas, gandharvas y demás seres celestiales, que le ofrecían adoración con toda clase de presentes. La diosa dijo lo siguiente.
Texto* 12: ¡Oh, necio Kamsa!, ¿de qué te servirá matarme? La Suprema Personalidad de Dios, que ha sido tu enemigo desde el mismo principio y que ciertamente te matará, ha nacido ya en otro lugar. Por lo tanto, no es necesario que sigas matando niños.
Texto 13: Tras dirigir a Kamsa estas palabras, la diosa Durga, Yogamaya, se manifestó en muchos lugares, como Varanasi, y fue conocida con diversos nombres, como Annapurna, Durga, Kali y Bhadra.
Texto 14: Al escuchar las palabras de la diosa Durga, Kamsa no podía salir de su asombro. Entonces se acercó a su hermana Devaki y a su cuñado Vasudeva y, liberándoles inmediatamente de sus cadenas, les habló con gran humildad.
Texto 15: ¡Ay de mí, hermana mía! ¡Ay de mí, cuñado mío! Os he matado tantos hijos que, en verdad, soy tan pecaminoso como los caníbales [raksasas] que se comen a sus propios hijos.
Texto* 16: He sido tan cruel y despiadado que he abandonado a todos mis amigos y familiares. Por ello, como el que ha matado a un brahmana, no sé qué planeta me espera, ni después de la muerte, ni mientras aún respiro.
Texto* 17: ¡Ay de mí!, no sólo los seres humanos mienten, sino también a veces la providencia. Y por creer en aquella profecía de la providencia, yo, pecador de mí, he matado a tantos hijos de mi hermana.
Texto 18: ¡Oh, grandes almas!, vuestros hijos han sufrido su propio infortunio. No os lamentéis por ellos. Todas las entidades vivientes se hallan bajo el control del Supremo, y no pueden vivir juntas siempre.
Texto 19: En este mundo podemos ver que los recipientes, muñecos y otros productos de barro aparecen, se rompen y desaparecen, fundiéndose con la tierra. Del mismo modo, los cuerpos de todas las entidades vivientes condicionadas también son aniquilados, pero las entidades vivientes, como la tierra misma, son inmutables y nunca son destruidas [na hanyate hanyamane sarire].
Texto 20: Aquel que no comprende la posición constitucional del cuerpo y del alma [atma] se apega demasiado al concepto corporal de la vida. En consecuencia, debido a ese apego por el cuerpo y sus subproductos, se siente afectado por la unión o la separación con respecto a su familia, su sociedad o su país. Mientras eso continúe, la persona permanece en la vida material. [De lo contrario, alcanza la liberación.]
Texto 21: Mi querida hermana Devaki, te deseo toda buena fortuna. Todo el mundo sufre y disfruta de los resultados de sus actividades bajo el control de la providencia. Por eso, aunque has tenido la desdicha de que yo matase a tus hijos, te pido por favor que no te lamentes por ellos.
Texto 22: Bajo la influencia del concepto corporal de la vida, permanecemos en tinieblas, carentes de autorrealización, y pensamos: «Me están matando», o: «Yo he matado a mis enemigos». Mientras persista en esa mentalidad de considerar que el ser mata o es matado, la persona necia sigue siendo responsable de sus obligaciones materiales, y, por consiguiente, sufre sus reacciones en forma de felicidad y aflicción.
Texto 23: Kamsa suplicó: «Mi querida hermana, mi querido cuñado, vosotros, que sois personas santas, sed misericordiosos, por favor, con este pobre miserable. Por favor, perdonad mis atrocidades». Después de decir esto, Kamsa se postró a los pies de Vasudeva y Devaki, con los ojos llenos de lágrimas de arrepentimiento.
Texto* 24: Con plena fe en las palabras de la diosa Durga, Kamsa dio muestra de su cariño familiar por Devaki y Vasudeva liberándoles inmediatamente de los grilletes de hierro.
Texto 25: Al ver el sincero arrepentimiento de su hermano mientras explicaba los designios del destino, Devaki vio desvanecerse toda su ira. Vasudeva, que también se liberó de la ira, sonrió y dirigió a Kamsa las siguientes palabras.
Texto 26: ¡Oh, Kamsa, gran personalidad!, sólo por la influencia de la ignorancia aceptamos el cuerpo material y el ego corporal. Lo que tú has dicho acerca de esta filosofía es correcto. Las personas que se hallan bajo la influencia del concepto corporal de la vida, carentes de autorrealización, establecen diferencias considerando que «Esto es mío» y «Eso pertenece a otro».
Texto 27: Esas personas de visión separatista están imbuidos de las cualidades materiales de la lamentación, el júbilo, el miedo, la envidia, la codicia, la ilusión y la locura. Se hallan bajo la influencia de la causa inmediata y se esfuerzan por neutralizarla, pues no tienen conocimiento acerca de la causa remota, la causa suprema, la Personalidad de Dios.
Texto* 28: Sukadeva Gosvami continuó: Tras escuchar las palabras llenas de pureza de Devaki y Vasudeva, que se habían serenado totalmente, Kamsa se sintió complacido y, con su permiso, entró en palacio.
Texto 29: Pasada aquella noche, Kamsa reunió a sus ministros y les informó de las palabras de Yogamaya [que le había revelado que quien iba a matar a Kamsa había nacido ya en otro lugar].
Texto 30: Tras escuchar la declaración de su señor, los envidiosos asuras, que eran enemigos de los semidioses y no eran demasiado expertos en sus tratos, aconsejaron a Kamsa de la siguiente manera.
Texto* 31: Si ésa es la situación, ¡oh, rey de la dinastía Bhoja!, hoy mismo empezaremos a matar en todas las aldeas, ciudades y campos de pastoreo, a todos los niños que hayan nacido desde hace diez días o un poco más.
Texto* 32: Los semidioses temen siempre el sonido de la cuerda de tu arco. Viven en constante ansiedad, temerosos de luchar. Siendo así, ¿qué daño podrán hacerte, aunque lo intenten?
Texto* 33: Heridos por las flechas que tú disparabas en todas direcciones, algunos de ellos, llenos de heridas pero deseosos de vivir, trataban de escapar huyendo del campo de batalla.
Texto* 34: Vencidos y despojados de todas sus armas, algunos semidioses abandonaron la lucha y te alabaron con las manos juntas, y otros, presentándose ante ti con los vestidos y el cabello sueltos, dijeron: «¡Oh, señor, sentimos verdadero miedo de ti!».
Texto 35: Cuando los semidioses pierden sus cuadrigas, cuando olvidan cómo utilizar las armas, cuando sienten miedo o están apegados a algo que no tiene que ver con el combate, o cuando tienen los arcos rotos y han perdido la capacidad de luchar, Tu Majestad no les mata.
Texto 36: Fuera del campo de batalla, los semidioses están siempre vanagloriándose inútilmente. Sólo entonces, cuando no hay guerra, pueden mostrar su poder. Por lo tanto, no tenemos nada que temer de ellos. En lo que se refiere al Señor Visnu, siempre está recluido en lo más profundo del corazón de los yogis, y en cuanto al Señor Siva y al Señor Brahma, el uno se ha marchado al bosque, y el otro está siempre ocupado en austeridades y meditación. Los demás semidioses, comenzando con Indra, no tienen ningún poder. Por lo tanto, no hay nada que temer.
Texto 37: Sin embargo, siguen siendo enemigos, y, por ello, nuestra opinión es que no debes descuidarte. Por lo tanto, y para exterminarlos totalmente, ocúpanos en luchar contra ellos, pues estamos listos para seguirte.
Texto* 38: Como una enfermedad, que se complica y resulta imposible de curar si no se trata desde los primeros síntomas, o como los sentidos, que son imposibles de dominar si no se dominan desde un principio, un enemigo al que no se ataja desde el mismo comienzo, más tarde acaba por volverse invencible.
Texto 39: Todos los semidioses se sustentan en el Señor Visnu, que vive y es adorado allí donde estén los Vedas, o donde haya principios religiosos, cultura tradicional, vacas, brahmanas, austeridades y sacrificios debidamente remunerados.
Texto* 40: ¡Oh, rey!, teniendo esto en cuenta, nosotros, que estamos de parte tuya en todos los aspectos, mataremos a los brahmanas védicos, a las personas ocupadas en ofrecer sacrificios y austeridades, y a las vacas que dan leche, pues de ellas se obtiene la mantequilla clarificada necesaria para los sacrificios.
Texto 41: Los brahmanas, las vacas, el conocimiento védico, la austeridad, la veracidad, el control de la mente y los sentidos, la fe, la misericordia, la tolerancia y el sacrificio son las partes que forman el cuerpo del Señor Visnu, y son los elementos propios de la civilización divina.
Texto 42: El Señor Visnu, la Superalma que está en el corazón de todos, es el enemigo supremo de los asuras, y por ello es conocido con el nombre de asura-dvit. Él es el líder de todos los semidioses, pues todos ellos, con el Señor Siva y el Señor Brahma, viven bajo Su protección. Las grandes personas santas, los sabios y los vaisnavas también dependen de Él. Por lo tanto, la única manera de matar a Visnu es perseguir a los vaisnavas.
Texto 43: Sukadeva Gosvami continuó: Así, tras reflexionar en las instrucciones de sus malvados ministros, Kamsa, que, como demonio, estaba atado por las leyes de Yamaraja y carecía de buena inteligencia, decidió perseguir a las personas santas, los brahmanas, pues no veía otra forma de procurarse buena fortuna.
Texto* 44: Aquellos demonios, los seguidores de Kamsa, eran expertos en causar sufrimiento a los demás, y sobre todo a los vaisnavas, y podían adoptar la forma que deseasen. Tras darles permiso para ir por todas partes hostigando a las personas santas, Kamsa entró en su palacio.
Texto 45: Ebrios de pasión e ignorancia, sin saber lo que era bueno o malo para ellos, los asuras, a quienes aguardaba una muerte inminente, salieron en persecución de las personas santas.
Texto 46: Mi querido rey, el hombre que persigue a las grandes almas perderá todo lo que haya recibido en forma de longevidad, belleza, fama, religión, bendiciones y elevación a los planetas superiores.