bahavo hiḿsitā bhrātaḥ
śiśavaḥ pāvakopamāḥ
tvayā daiva-nisṛṣṭena
putrikaikā pradīyatām
bahavaḥ — muchos; hiṁsitāḥ — matados por envidia; bhrātaḥ — mi querido hermano; śiśavaḥ — niños pequeños; pāvaka-upamāḥ — todos ellos tan brillantes y hermosos como el fuego; tvayā — por ti; daiva-nisṛṣṭena — por decreto del destino; putrikā — hija; ekā — una; pradīyatām — dame como regalo.
Vemos que Devaki comenzó por llamar la atención de Kamsa sobre las atrocidades que había cometido, al matarle tantos hijos. Después se mostró conciliadora, diciéndole que él no era culpable de nada, pues actuaba conforme a los dictados del destino. Fue entonces cuando le suplicó que le dejase aquella hija como regalo. Devaki era hija de un ksatriya y sabía jugar sus bazas políticas. En política, hay varias formas de obtener un resultado: se comienza con la represión (dama), para luego llegar a un compromiso (sama), y, finalmente, pedir un regalo (dana). Devaki comenzó por seguir la táctica de la represión, y atacó directamente a Kamsa por su terrible crueldad al matar a sus bebés. Luego le disculpó diciendo que no era culpa suya, y, por último, pidió un regalo. Como vemos en la historia del Mahabharata, «La gran India», las esposas e hijas de los gobernantes ksatriyas también conocían las artes políticas, aunque nunca vemos que una mujer recibiese el cargo de jefe del gobierno. Así lo establecen los mandamientos de la Manu-samhita, pero, por desdicha, en la actualidad se insulta la autoridad de la Manu-samhita sin que los aryas, los miembros de la sociedad védica, puedan hacer nada. Ésa es la naturaleza de Kali-yuga.
Todo sucede por dictado del destino.
tasyaiva hetoh prayateta kovido
na labhyate yad bhramatam upary adhah
tal labhyate duhkhavad anyatah sukham
kalena sarvatra gabhira-ramhasa
1.5.18)
Devaki sabía muy bien que la muerte de sus hijos había sido ordenada por el destino, de modo que no se podía culpar a Kamsa. Tampoco tenía sentido darle buenos consejos. Upadeso hi murkhanam prakopaya na santaye (Canakya Pandita). Los necios se enfadan muchísimo cuando se les da un buen consejo. Además, una persona cruel es más peligrosa que una serpiente. Aunque los dos son crueles, la persona cruel es más peligrosa, porque la serpiente puede ser hechizada con mantras o dominada con hierbas, mientras que a la persona cruel no se la puede tranquilizar con nada. Ésa era la naturaleza de Kamsa.