Texto 1: Sri Sukadeva Gosvami dijo: ¡Oh, rey Pariksit!, después de recibir estos consejos de Sukracarya, que era su maestro espiritual y el sacerdote de su familia, Bali Maharaja guardó silencio y reflexionó durante algún tiempo; a continuación, contestó a su maestro espiritual con las siguientes palabras.
Texto 2: Bali Maharaja dijo: Como tú bien has dicho, el verdadero deber prescrito del casado es aquel principio religioso que no perturba su crecimiento económico, la complacencia de sus sentidos, su fama y su modo de ganarse la vida. Yo también pienso que ese principio religioso es correcto.
Texto 3: Yo soy el nieto de Maharaja Prahlada. ¿Cómo me voy a retractar de mi promesa, llevado por un deseo codicioso, cuando ya he dicho que daré esa tierra? ¿Cómo voy a comportarme como un vulgar engañador con una persona que, además, es brahmana?
Texto 4: No hay mayor pecado que faltar a la verdad. Eso fue lo que hizo decir a madre Tierra en cierta ocasión: «Sólo hay un peso que soy incapaz de soportar: el de una persona mentirosa».
Texto* 5: El infierno, la pobreza, un océano de sufrimientos, caer de mi posición, y la misma muerte, son cosas que no me dan miedo. Lo que de verdad temo es llegar a engañar a un brahmana.
Texto 6: Mi señor, tú también puedes ver que todas las opulencias materiales de este mundo acaban separándose de su propietario cuando llega la muerte. Por eso, si el brahmana Vamanadeva no Se siente satisfecho con los regalos que yo pueda darle, ¿por qué no complacerle con las riquezas que estoy destinado a perder a la hora de la muerte?
Texto 7: Dadhici, Sibi y muchas otras grandes personalidades estuvieron dispuestos a sacrificar sus mismas vidas por el bien de la gente. Asà nos lo muestra la historia. ¿Qué razón hay entonces para no renunciar a esta insignificante tierra? ¿Hay alguna objeción seria en contra de ello?
Texto 8: ¡Oh, el mejor de los brahmanas!, es bien cierto que los grandes reyes demonÃacos que nunca se mostraron reacios a luchar disfrutaron de este mundo, pero con el paso del tiempo perdieron todo lo que tenÃan, excepto su buena reputación, gracias a la cual continúan existiendo. En otras palabras, por encima de todo, hay que esforzarse por lograr una buena reputación.
Texto 9: ¡Oh, el mejor de los brahmanas!, muchos hombres han dado la vida en el campo de batalla, sin tener miedo del combate, pero rara vez ha tenido alguien la oportunidad de demostrar su lealtad dando todas sus riquezas a una persona santa que con Su presencia crea lugares sagrados.
Texto 10: Es indudable que, al dar caridad, una persona benevolente y misericordiosa se eleva todavÃa más en la senda de lo auspicioso, sobre todo si la da a personas como tú. En estas circunstancias, debo dar en caridad a este pequeño brahmacari todo lo que desee pedirme.
Texto 11: ¡Oh, gran sabio!, grandes personas santas como tú, perfectos conocedores de los principios védicos para la celebración de yajñas y ceremonias rituales, adoran al Señor Visnu en toda circunstancia. Por lo tanto, yo debo cumplir la orden del Señor Visnu y, sin dudarlo, entregarle la tierra que me ha pedido, tanto si ha venido a colmarme de bendiciones como si lo ha hecho para castigarme como a un enemigo.
Texto 12: Aunque es Visnu mismo, Se ha ocultado en la forma de un brahmana para atreverse a pedirme limosna. En estas circunstancias, y a pesar de que es mi enemigo, no haré nada contra Él aunque actúe irreligiosamente y me haga prisionero o incluso me mate, pues Se ha presentado ante mà en la forma de un brahmana.
Texto 13: Si este brahmana es realmente el Señor Visnu, que es adorado con los himnos védicos, nunca habrÃa renunciado a Su ilimitada fama; o bien caerÃa muerto ante MÃ, o bien Él me habrÃa matado en el combate.
Texto 14: Sri Sukadeva Gosvami continuó: Después de esto, el maestro espiritual, Sukracarya, inspirado por el Señor Supremo, maldijo a su excelso discÃpulo Bali Maharaja, que era tan magnánimo y fiel a la verdad que prefirió desobedecer la orden de su maestro espiritual antes que respetar sus instrucciones.
Texto 15: Aunque no posees conocimiento, parece ser que te has vuelto muy erudito, y hasta te atreves a desobedecer mi orden. Por insolente, por desobedecerme, muy pronto te verás privado de toda tu opulencia.
Texto* 16: Sukadeva Gosvami continuó: Bali Maharaja era una gran personalidad y no cambió su decisión ni siquiera después de ser maldecido por su propio maestro espiritual. Asà pues, conforme a la costumbre, ofreció agua a Vamanadeva, para después ofrecerle como caridad la tierra que Le habÃa prometido.
Texto* 17: La esposa de Bali Maharaja, Vindhyavali, que se adornaba con un collar de perlas, llegó inmediatamente e hizo traer un gran cántaro de oro lleno de agua para adorar al Señor lavándole los pies.
Texto* 18: Bali Maharaja, el adorador del Señor Vamanadeva, lavó, lleno de júbilo, los pies de loto del Señor; a continuación se llevó el agua a la cabeza, pues esa agua libera el universo entero.
Texto 19: En ese momento, los habitantes del sistema planetario superior, es decir, los semidioses, los gandharvas, los vidyadharas, los siddhas y los caranas, muy complacidos con Bali Maharaja por aquel gesto sencillo y libre de hipocresÃa, alabaron sus cualidades y derramaron sobre él millones de flores.
Texto* 20: Los gandharvas, los kimpurusas y los kinnaras hicieron sonar una y otra vez miles de timbales y trompetas, y cantaron llenos de júbilo exclamando: «¡Qué persona tan excelsa es Bali Maharaja, y qué difÃcil es lo que acaba de hacer! Aunque sabÃa que el Señor Visnu estaba del bando de sus enemigos, entregó al Señor los tres mundos como caridad».
Texto 21: La ilimitada Suprema Personalidad de Dios, que habÃa adoptado la forma de Vamana, comenzó entonces a aumentar de tamaño en el marco de la energÃa material, hasta que todo lo que existe en el universo estuvo dentro de Su cuerpo. Dentro de Él estaban la Tierra, los sistemas planetarios, el cielo, las direcciones, los huecos del universo, los mares, los océanos, las aves, los mamÃferos, los seres humanos, los semidioses y las grandes personas santas.
Texto 22: Bali Maharaja, junto con todos los sacerdotes, acaryas y miembros de la asamblea, observó el cuerpo universal de la Suprema Personalidad de Dios, que mostraba la plenitud de las seis opulencias. Aquel cuerpo contenÃa todo lo que existe en el universo, con los elementos materiales densos, los objetos de los sentidos, la mente, la inteligencia, el ego falso, los diversos tipos de entidades vivientes, y las acciones y reacciones de las tres modalidades de la naturaleza material.
Texto 23: A continuación, Bali Maharaja, que ocupaba el asiento del rey Indra, pudo ver los sistemas planetarios inferiores, como Rasatala, en las plantas de los pies de la forma universal del Señor. En los pies del Señor vio la superficie del globo; en Sus pantorrillas, todas las montañas; en Sus rodillas, las aves; y en Sus muslos, el aire en todas sus formas.
Texto* 24: Por debajo de las ropas del Señor, que actúa de un modo maravilloso, Bali Maharaja vio el crepúsculo vespertino. En las partes Ãntimas del Señor, vio a los prajapatis, y en Sus caderas se vio a sà mismo con sus compañeros más allegados. En el ombligo del Señor vio el cielo; en Su cintura, los siete océanos; y en el pecho del Señor vio todas las constelaciones y estrellas.
Texto* 25-29: Mi querido rey, en el corazón del Señor Murari vio la religión; en el pecho, las palabras agradables y la veracidad; en la mente, la Luna; también en el pecho, vio a la diosa de la fortuna, con una flor de loto en la mano; en el cuello, vio todos los Vedas y todas las vibraciones sonoras; en los brazos, a todos los semidioses, encabezados por el rey Indra; en Sus dos oÃdos, todas las direcciones; en la cabeza, los sistemas planetarios superiores; en el cabello, las nubes; en las fosas nasales, el viento; en los ojos, el Sol; y en la boca, el fuego. De Sus palabras vinieron todos los mantras védicos, en Su lengua estaba el semidiós del agua, Varunadeva, y, en Sus cejas, los principios regulativos; el dÃa y la noche estaban en Sus párpados. [Cuando Sus ojos estaban abiertos, era de dÃa, y cuando se cerraban se hacia de noche]. En Su frente estaba la ira, y en Sus labios la codicia. ¡Oh, rey!, en Su tacto estaban los deseos lujuriosos, en Su semen todas las aguas, en Su espalda la irreligión, y en Sus maravillosas actividades o pasos, el fuego de sacrificio. En Su sombra estaba la muerte, en Su sonrisa la energÃa ilusoria, y en los vellos de Su cuerpo, todas las hierbas y plantas medicinales. En Sus venas estaban todos los rÃos, en Sus uñas todas las piedras, en Su inteligencia el Señor Brahma, los semidioses y las grandes personas santas, y por todo Su cuerpo y Sus sentidos, todas las entidades vivientes, móviles e inmóviles. De este modo, Bali Maharaja lo vio todo en el gigantesco cuerpo del Señor.
Texto* 30: ¡Oh, rey!, cuando los demonios, seguidores de Maharaja Bali, vieron la forma universal de la Suprema Personalidad de Dios, que lo sostenÃa todo dentro de Su cuerpo, y vieron en la mano del Señor el cakra Sudarsana, Su disco, que genera un calor insoportable, y escucharon el estruendoso sonido de Su arco, sus corazones se llenaron de lamentación.
Texto* 31: La caracola del Señor, Pañcajanya, cuyo sonido es como el de una nube, la muy poderosa maza Kaumodaki, la espada Vidyadhara y un escudo adornado con cientos de signos en forma de luna, asà como Aksayasayaka, la mejor de las aljabas, aparecieron para ofrecer oraciones al Señor.
Texto 32-33: Estos asistentes, encabezados por Sunanda y otros de los principales sirvientes del Señor, y acompañados por todas las deidades regentes de los diversos planetas, ofrecieron oraciones al Señor, que llevaba un yelmo brillante, brazaletes y unos esplendorosos pendientes en forma de pez. Sobre el pecho del Señor se veÃan el mechón de cabello llamado Srivatsa y la joya trascendental llamada Kaustubha. El Señor estaba vestido de amarillo, llevaba un cinturón, y Se adornaba con un collar de flores, en el que revoloteaban las abejas. Manifestándose de esta forma, ¡oh, rey!, la Suprema Personalidad de Dios, cuyas actividades son maravillosas, cubrió toda la superficie de la Tierra con un paso, el cielo con Su cuerpo y todas las direcciones con Sus brazos.
Texto 34: Con Su segundo paso, el Señor cubrió los planetas celestiales, y no quedó ni un rincón para el tercer paso, pues el pie del Señor fue elevándose hasta ir más allá de Maharloka, Janaloka, Tapoloka, e incluso Satyaloka.