dṛḍhaḿ paṇḍita-māny ajñaḥ
stabdho 'sy asmad-upekṣayā
mac-chāsanātigo yas tvam
acirād bhraśyase śriyaḥ
dṛḍham — tan firmemente convencido o fijo en tu decisión; paṇḍita-mānī — considerándote muy erudito; ajñaḥ — a la vez que necio; stabdhaḥ — insolente; asi — te has vuelto; asmat — de nosotros; upekṣayā — por faltar al respeto; mat-śāsana-atigaḥ — poniéndote por encima de mi autoridad; yaḥ — una persona así (como tú); tvam — tú mismo; acirāt — muy pronto; bhraśyase — caerás; śriyaḥ — de toda opulencia.
Srila Visvanatha Cakravarti Thakura dice que Bali Maharaja no era un pandita-mani, alguien con falsas pretensiones de erudición, sino que era pandita-manya-jñah, un erudito tan grande como para ser adorado por todos los demás eruditos. Si pudo desobedecer la orden de su supuesto maestro espiritual, fue gracias a esa gran sabiduría. Nada de lo que pudiera suceder en la existencia material le inspiraba temor. Quien se halla bajo la protección del Señor Visnu ya no tiene que preocuparse de nadie más. Por lo tanto, no era posible que Bali Maharaja se viese privado de sus opulencias. Las opulencias ofrecidas por la Suprema Personalidad de Dios no pueden compararse con las obtenidas mediante el proceso de karma-kanda. En otras palabras, si un devoto logra grandes opulencias, debe entenderse que se trata de dones de la Suprema Personalidad de Dios, y que nunca serán destruidas, mientras que los bienes obtenidos mediante las actividades fruitivas pueden desaparecer en cualquier momento.