ahaḿ mamāsau patir eṣa me suto
vrajeśvarasyākhila-vittapā satī
gopyaś ca gopāḥ saha-godhanāś ca me
yan-māyayetthaḿ kumatiḥ sa me gatiḥ
aham — mi existencia («yo soy algo»); mama — mío; asau — Nanda Mahārāja; patiḥ — esposo; eṣaḥ — éste (Kṛṣṇa); me sutaḥ — es mi hijo; vraja-īśvarasya — de mi esposo, Nanda Mahārāja; akhila-vitta-pā — yo soy quien posee riquezas y opulencias sin límite; satī — puesto que soy su esposa; gopyaḥ ca — y todas las esposas de los pastores de vacas; gopāḥ — todos los pastores (son mis subordinados); saha-godhanāḥ ca — con las vacas y terneros; me — míos; yat-māyayā — todas las cosas a que me refiero me han sido dadas, después de todo, por la misericordia del Supremo; ittham — así; kumatiḥ — cometo el error de pensar que me pertenecen; saḥ me gatiḥ — Él es, por lo tanto, mi único refugio (yo soy un simple instrumento).
Siguiendo los pasos de madre Yasoda, todos debemos adoptar esa mentalidad de renunciación. Cualesquiera riquezas, opulencias o bienes en general que poseamos, no nos pertenecen a nosotros, sino a la Suprema Personalidad de Dios, que es el refugio supremo de todos y el propietario supremo de todo. Así lo afirma el propio Señor en la Bhagavad-gita (5.29):
bhoktaram yajña-tapasam
sarva-loka-mahesvaram
suhrdam sarva-bhutanam
jñatva mam santim rcchati
«La persona que tiene plena conciencia de Mí, sabiendo que Yo soy el beneficiario final de todo sacrificio y austeridad, el Señor Supremo de todos los planetas y semidioses, y el benefactor y bienqueriente de todas las entidades vivientes, se libera de los tormentos de las miserias materiales».
No debemos enorgullecernos de nuestras posesiones. Así lo expresa madre Yasoda en estos versos: «Yo no soy la propietaria de mis bienes, ni la opulenta esposa de Nanda Maharaja. Las tierras, las propiedades, las vacas, los terneros y mis súbditos, las gopis y los pastores, me han sido dados». Debemos abandonar la mentalidad de «mis posesiones, mi hijo y mi esposo» (janasya moho 'yam aham mameti). No hay nada que tenga otro dueño que no sea el Señor Supremo. La ilusión es la única causa de que pensemos: «Yo existo», o «Todo me pertenece». Así pues, madre Yasoda se entregó por completo al Señor Supremo. En aquel momento estaba un poco contrariada, pensando: «Mis esfuerzos por proteger a Mi hijo mediante la caridad y otras actividades auspiciosas son inútiles. El Señor Supremo me ha dado muchas cosas, pero si Él no Se encarga de todo, no hay protección alguna asegurada. Por lo tanto, y en definitiva, debo buscar el refugio de la Suprema Personalidad de Dios». Prahlada Maharaja afirma (Bhag. 7.9.19): balasya neha saranam pitarau nrsimha: Los padres no pueden, en última instancia, cuidar a sus hijos. Ato grha-ksetra-sutapta-vittair janasya moho 'yam aham mameti (Bhag. 5.5.8). Las tierras, el hogar, las riquezas y todas nuestras posesiones pertenecen a la Suprema Personalidad de Dios, aunque erróneamente pensemos: «Yo soy esto» y «Estas cosas son mías».