atho yathāvan na vitarka-gocaraḿ
ceto-manaḥ-karma-vacobhir añjasā
yad-āśrayaḿ yena yataḥ pratīyate
sudurvibhāvyaḿ praṇatāsmi tat-padam
atho — por lo tanto, decidió entregarse al Señor Supremo; yathā-vat — como se puede percibir perfectamente; na — no; vitarka-gocaram — más allá de todos los argumentos, razonamientos y percepción de los sentidos; cetaḥ — con conciencia; manaḥ — con mente; karma — con actividades; vacobhiḥ — o con palabras; añjasā — con todo ello unido, no podemos entenderlas; yat-āśrayam — bajo cuyo control; yena — por quien; yataḥ — de quien; pratīyate — solamente podemos concebir que todo emana de Él; su-durvibhāvyam — más allá de nuestra conciencia o percepción de los sentidos; praṇatā asmi — he de entregarme; tat-padam — Sus pies de loto.
Simplemente tenemos que comprender la grandeza de la Suprema Personalidad de Dios. No debemos tratar de entender con medios materiales, ni densos ni sutiles. Madre Yasoda, como mujer sencilla que era, no podía descubrir la verdadera causa de la visión; en consecuencia, llevada del afecto maternal, y para proteger a su hijo, simplemente ofreció reverencias al Señor Supremo. Ofrecer reverencias al Señor era lo único que podía hacer. Dicen las Escrituras: acintyah khalu ye bhava na tams tarkena yojayet (Mahabharata, Bhisma Parva 5.22). No debemos tratar de comprender la causa suprema por medio de argumentos o razonamientos. Cuando nos veamos enredados en un problema cuya causa no comprendemos, no nos queda otra solución que entregarnos al Señor Supremo y ofrecerle respetuosas reverencias. Si lo hacemos, estaremos en una posición segura. En este ejemplo, también madre Yasoda optó por esa solución. La Suprema Personalidad de Dios es la causa original de todo lo que ocurre (sarva-karana-karanam). Cuando no se puede detectar la causa inmediata, simplemente hemos de ofrecer reverencias a los pies de loto del Señor. Madre Yasoda llegó a la conclusión de que Él era la razón de las cosas maravillosas que veía en la boca de su hijo, aunque no sabía determinar claramente la causa. Por lo tanto, el devoto, cuando no puede determinar la causa del sufrimiento, llega a la siguiente conclusión:
tat te 'nukampam susamiksamano
bhuñjana evatma-krtam vipakam
hrd-vag-vapurbhir vidadhan namas te
jiveta yo mukti-pade sa daya-bhak
( 10.14.8)
El devoto acepta que la pequeña cantidad de sufrimientos que la Suprema Personalidad de Dios pueda haberle causado se debe a sus propias fechorías pasadas, y por ello ofrece reverencias al Señor una y otra vez. A ese devoto se le califica de mukti-pade sa daya-bhak; es decir, su liberación del mundo material está garantizada. Como se afirma en la Bhagavad-gita (2.14):
matra-sparsas tu kaunteya
sitosna-sukha-duhkha-dah
agamapayino nityas
tams titiksasva bharata
Debemos saber que el sufrimiento material debido al cuerpo material viene y se va. Por esa razón, debemos tolerar el sufrimiento y seguir adelante en el cumplimiento de nuestro deber conforme a las órdenes del maestro espiritual.