ity uktaḥ sa khalaḥ pāpo
bhojānāḿ kula-pāḿsanaḥ
bhaginīḿ hantum ārabdhaḿ
khaḍga-pāṇiḥ kace 'grahīt
iti uktaḥ — al escuchar estas palabras; saḥ — él (Kaṁsa); khalaḥ — envidioso; pāpaḥ — pecador; bhojānām — de la dinastía Bhoja; kula-pāṁsanaḥ — el que puede arruinar la reputación de su familia; bhaginīm — a su hermana; hantum ārabdham — dispuesto a matarla; khaḍga-pāṇiḥ — empuñando una espada; kace — cabellos; agrahīt — tomó.
Kamsa llevaba las riendas de la cuadriga con la mano izquierda, pero, tan pronto como escuchó el presagio de que el octavo hijo de su hermana iba a matarle, soltó las riendas, tomó a su hermana del cabello, y empuñó una espada en la mano derecha, dispuesto a matarla. Un momento antes, se mostraba tan cariñoso que hacía de auriga para ella, pero, en cuanto escuchó que sus intereses personales y su vida estaban en juego, se olvidó inmediatamente de todo el cariño que sentía por ella y se convirtió en su gran enemigo. Ésa es la naturaleza de los demonios. Nunca hay que fiarse de los demonios, por mucho cariño que nos muestren. Por otra parte, tampoco hay que fiarse de los reyes, los políticos y las mujeres, pues, para defender sus propios intereses, pueden hacer las cosas más abominables. Por esa razón, Canakya Pandita dice: visvaso naiva kartavyah strisu raja-kulesu ca.