mātrā svasrā duhitrā vā
nāviviktāsano bhavet
balavān indriya-grāmo
vidvāḿsam api karṣati
mātrā — con la propia madre; svasrā — con la propia hermana; duhitrā — con la propia hija; vā — o; na — no; avivikta-āsanaḥ — sentados muy juntos en un mismo asiento; bhavet — hay que ser; balavān — muy fuerte; indriya-grāmaḥ — el conjunto de los sentidos; vidvāṁsam — a la persona muy erudita y avanzada; api — incluso; karṣati — agita.
El hecho de aprender las normas de conducta en lo que se refiere al trato con mujeres no nos libera de la atracción sexual. Como se menciona específicamente en este verso, el objeto de esa atracción puede ser incluso nuestra propia madre, una hermana o una hija. Por supuesto, no es normal sentir atracción sexual por la madre, la hermana o la hija, pero, si se acepta mucha proximidad al sentarse, es posible sentirse atraído. Se trata de un hecho psicológico. Alguien podría decir que esa clase de atracción es propia de personas no demasiado avanzadas en la vida civilizada. Sin embargo, como se menciona específicamente en este verso: vidvamsam api karsati: La atracción de los deseos lujuriosos puede llegar a afectar incluso a personas material o espiritualmente muy avanzadas. El objeto de atracción puede ser incluso la propia madre, una hermana o una hija. En los tratos con mujeres es necesaria, por lo tanto, la máxima prudencia. Sri Caitanya Mahaprabhu era muy estricto en esos tratos, sobre todo después de entrar en la orden de sannyasa. En verdad, ninguna mujer podía acercársele para presentarle sus respetos. En este verso se nos advierte de nuevo que debemos mostrar la máxima prudencia en nuestros tratos con mujeres. El brahmacari tiene incluso prohibido ver a la esposa de su maestro espiritual, si ésta es joven. La esposa del maestro espiritual puede a veces pedir algún servicio al discípulo de su esposo, como lo pediría a su propio hijo, pero, si la esposa del maestro es joven, al brahmacari se le prohibe ofrecerle servicio.