kṛtaiṣā vidhavā lańkā
vayaḿ ca kula-nandana
dehaḥ kṛto 'nnaḿ gṛdhrāṇām
ātmā naraka-hetave
kṛtā — hecho por ti; eṣā — todo esto; vidhavā — sin protector; laṅkā — el estado de Laṅkā; vayam ca — y nosotras; kula-nandana — ¡oh, placer de los rākṣasas!; dehaḥ — el cuerpo; kṛtaḥ — hecho por ti; annam — comida; gṛdhrāṇām — de los buitres; ātmā — y tu alma; naraka-hetave — para ir al infierno.
Quien sigue la senda de Ravana se condena de dos formas: su cuerpo queda para los perros y los buitres, y su alma va al infierno. Como el Señor mismo afirma en la Bhagavad-gita (16.19):
tan aham dvisatah kruran
samsaresu naradhaman
ksipamy ajasram asubhan
asurisv eva yonisu
«A los envidiosos y malvados, que son lo más bajo entre los hombres, Yo los arrojo perpetuamente al océano de la existencia material, en diversas especies de vida demoníaca». Por lo tanto, el destino de los ateos como Ravana, Hiranyakasipu, Kamsa y Dantavakra es una condición de vida infernal. Mandodari, la esposa de Ravana, podía entender todo esto porque era una mujer casta. A pesar de que se lamentaba por la muerte de su esposo, sabía cuál iba a ser el destino de su cuerpo y de su alma, pues, aunque eso son cosas que no pueden verse con los ojos materiales, con los ojos del conocimiento (pasyanti jñana-caksusah), sí puede verse. La historia védica nos ofrece muchos ejemplos de personas ateas que son condenadas por las leyes de la naturaleza.