na vai veda mahā-bhāga
bhavān kāma-vaśaḿ gataḥ
tejo 'nubhāvaḿ sītāyā
yena nīto daśām imām
na — no; vai — en verdad; veda — sabías; mahā-bhāga — ¡oh, muy afortunado!; bhavān — tú mismo; kāma-vaśam — bajo la influencia de los deseos de disfrute; gataḥ — llegar a estar; tejaḥ — por la influencia; anubhāvam — como resultado de esa influencia; sītāyāḥ — de madre Sītā; yena — por lo cual; nītaḥ — puesto en; daśām — una condición; imām — como ésta (la destrucción).
Madre Sita no era la única mujer poderosa; cualquier mujer que siga los pasos de madre Sita puede llegar a tener tanto poder como ella. Las Escrituras védicas ofrecen muchos ejemplos al respecto. El ejemplo de madre Sita aparece en todas las descripciones de mujeres ideales y castas que podamos encontrar. También Mandodari, la esposa de Ravana, era muy casta. Draupadi fue otra de las cinco mujeres más castas y excelsas. Del mismo modo que el hombre debe seguir a grandes personalidades como Brahma y Narada, la mujer debe seguir la senda de mujeres ideales como Sita, Mandodari y Draupadi. La mujer que se mantiene casta y fiel a su esposo se enriquece con poder sobrenatural. Los principios morales establecen que no hay que caer bajo la influencia de los deseos de disfrutar de la esposa de otro hombre. Matrvat para-daresu: La persona inteligente debe considerar madre a las esposas de los demás. Ésa es la instrucción moral del Canakya-sloka (10):
matrvat para-daresu
para-dravyesu lostravat
atmavat sarva-bhutesu
yah pasyati sa panditah
«La persona que ve a la mujer del prójimo como su madre y las posesiones de los demás como un montón de basura, y que da a las demás entidades vivientes el trato que se daría a sí misma, puede ser considerada culta». Así pues, Ravana fue condenado, no sólo por el Señor Ramacandra, sino también por su propia esposa, Mandodari. Puesto que ella misma era casta, podía entender el poder de otra mujer casta, especialmente si se trataba de una esposa como madre Sitadevi.