rāmas tam āha puruṣāda-purīṣa yan naḥ
kāntāsamakṣam asatāpahṛtā śvavat te
tyakta-trapasya phalam adya jugupsitasya
yacchāmi kāla iva kartur alańghya-vīryaḥ
rāmaḥ — el Señor Rāmacandra; tam — a él, a Rāvaṇa; āha — dijo; puruṣa-ada-purīṣa — eres el excremento de los caníbales (rākṣasas); yat — puesto que; naḥ — Mía; kāntā — esposa; asamakṣam — indefensa por Mi ausencia; asatā — por ti, el más pecador; apahṛtā — fue raptada; śva-vat — como un perro que roba comida de la cocina cuando el dueño no está en casa; te — de ti; tyakta-trapasya — porque eres un desvergonzado; phalam adya — hoy voy a darte tu merecido; jugupsitasya — de ti, el más abominable; yacchāmi — voy a castigarte; kālaḥ iva — como la muerte; kartuḥ — de ti, que has cometido todas las actividades pecaminosas; alaṅghya-vīryaḥ — pero Yo, que soy omnipotente, nunca fracaso en Mi intento.
Na ca daivat param balam: Nadie puede superar la fuerza de la Trascendencia. Ravana era tan pecador y desvergonzado que raptó a madre Sita, la potencia de placer de Ramacandra, sin saber cuáles serían las consecuencias. Ése es el defecto de los raksasas. Asatyam apratistham te jagad ahur anisvaram: Los raksasas no son conscientes de que el Señor Supremo es quien gobierna la creación. Creen que todo ha surgido por casualidad o accidente, y que no existe ningún gobernante, rey o controlador. Por ello, actúan independientemente, según sus caprichos, llegando hasta el extremo de raptar a la diosa de la fortuna. La actitud que adoptó Ravana es muy peligrosa para los materialistas; en verdad, es la ruina de la civilización materialista. Sin embargo, los ateos, como raksasas que son, se atreven a las cosas más abominables; por eso acaban siempre por sufrir un castigo. La religión la forman las órdenes del Señor Supremo, y la persona religiosa es aquella que sigue esas órdenes. Quien no sigue esas órdenes es irreligioso, y se hace merecedor de un castigo.