na tvāḿ vayaḿ jaḍa-dhiyo nu vidāma bhūman
kūṭa-stham ādi-puruṣaḿ jagatām adhīśam
yat-sattvataḥ sura-gaṇā rajasaḥ prajeśā
manyoś ca bhūta-patayaḥ sa bhavān guṇeśaḥ
na — no; tvām — a Tu Señoría; vayam — nosotros; jaḍa-dhiyaḥ — torpes, de inteligencia obtusa; nu — en verdad; vidāmaḥ — podemos conocer; bhūman — ¡oh, Supremo!; kūṭa-stham — en lo más profundo del corazón; ādi-puruṣam — a la Personalidad de Dios original; jagatām — de los universos, que continúan progresivamente; adhīśam — al amo supremo; yat — fijos bajo Tu dirección; sattvataḥ — hechizados con sattva-guṇa; sura-gaṇāḥ — esos semidioses; rajasaḥ — hechizados con rajo-guṇa; prajā-īśāḥ — los prajāpatis; manyoḥ — bajo la influencia de tamo-guṇa; ca — y; bhūta-patayaḥ — gobernantes de los fantasmas; saḥ — esa personalidad; bhavān — Tu Señoría; guṇa-īśaḥ — el amo de las tres modalidades de la naturaleza material.
La palabra jada-dhiyah se refiere a una inteligencia como la de un animal. Una persona con una inteligencia así no puede entender a la Suprema Personalidad de Dios. Un animal sólo puede entender a base de golpes. Del mismo modo, los torpes no pueden entender a la Suprema Personalidad de Dios; pero, cuando las modalidades de la naturaleza material les castigan severamente, comienzan a entenderle. Un poeta hindú dice:
duhkha se saba hari bhaje
sukha se bhaje koi
sukha se agar hari bhaje
duhkha kathaṅ se haya
Cuando estamos afligidos, vamos a la iglesia o al templo para adorar al Señor, pero, cuando gozamos de opulencias, olvidamos al Señor. Por lo tanto, la sociedad humana necesita del castigo que el Señor nos impone por medio de la naturaleza material, ya que, sin él, los hombres olvidan la supremacía del Señor, pues nuestra inteligencia es torpe y obtusa.