satyaḿ puṣpa-phalaḿ vidyād
ātma-vṛkṣasya gīyate
vṛkṣe 'jīvati tan na syād
anṛtaḿ mūlam ātmanaḥ
satyam — la verdadera realidad; puá¹£pa-phalam — la flor y el fruto; vidyÄt — se debe entender; Ätma-vá¹›ká¹£asya — del árbol del cuerpo; gÄ«yate — como se explica en los Vedas; vá¹›ká¹£e ajÄ«vati — si el árbol no está vivo; tat — eso (puá¹£pa-phalam); na — no; syÄt — es posible; aná¹›tam — falsa; mÅ«lam — la raÃz; Ätmanaḥ — del cuerpo.
Este sloka explica que, en lo que respecta al cuerpo material, ni siquiera la verdad objetiva puede existir sin un mÃnimo de falsedad. Los mayavadis dicen: brahma satyam jagan mithya: «El alma espiritual es verdadera, y la energÃa externa es falsa». Sin embargo, los filósofos vaisnavas no están de acuerdo con la filosofÃa mayavada. Incluso si, por seguir su argumento, aceptamos el supuesto de que el mundo material es falso, aun asÃ, la entidad viviente no puede liberarse del enredo en la energÃa ilusoria sin la ayuda del cuerpo. Sin su ayuda no podrÃamos seguir ningún sistema religioso, ni especular acerca de la perfección filosófica. Por lo tanto, la flor y el fruto (puspa-phalam) tienen que obtenerse como resultado del cuerpo. Sin la ayuda del cuerpo, no se puede obtener el fruto. Por consiguiente, la filosofÃa vaisnava recomienda yukta-vairagya. No debemos distraer toda nuestra atención hacia el sustento del cuerpo, pero, al mismo tiempo, tampoco debemos dejarlo de lado. Mientras el cuerpo existe, podemos estudiar en profundidad las instrucciones de los Vedas, para, de esa forma, alcanzar la perfección al final de la vida. Esto se explica en la Bhagavad-gita (8.6): yam yam vapi smaran bhavam tyajaty ante kalevaram. En el momento de la muerte pasamos el examen definitivo. Por lo tanto, aunque el cuerpo no es eterno, sino temporal, podemos servirnos de él de la mejor manera posible y lograr la perfección de la vida.