ādiśa tvaḿ dvija-śreṣṭha
vidhiḿ tad-upadhāvanam
āśu tuṣyati me devaḥ
sīdantyāḥ saha putrakaiḥ
ÄdiÅ›a — enséñame; tvam — ¡oh, esposo mÃo!; dvija-Å›reá¹£á¹ha — ¡oh, el mejor de los brÄhmaṇas!; vidhim — los principios regulativos; tat — al Señor; upadhÄvanam — el proceso de adorar; ÄÅ›u — muy pronto; tuá¹£yati — Se satisface; me — a mÃ; devaḥ — el Señor; sÄ«dantyÄḥ — lamentándonos ahora; saha — con; putrakaiḥ — todos mis hijos, los semidioses.
A veces, personas poco inteligentes preguntan si para avanzar espiritualmente es necesario acudir a un guru y recibir sus instrucciones acerca del servicio devocional. La respuesta se da en este verso; y no sólo en este verso, sino también en la Bhagavad-gita, donde Arjuna aceptó a Krsna como guru (sisyas te 'ham sadhi mam tvam prapannam). También los Vedas indican: tad-vijñanartham sa gurum evabhigacchet: Si nuestra inclinación por avanzar en la vida espiritual es sincera, debemos aceptar un guru que nos oriente adecuadamente. El Señor dice que debemos adorar al acarya, que es el representante de la Suprema Personalidad de Dios (acaryam mam vijaniyat). Esto debe quedar muy claro. En el Caitanya-caritamrta se dice que el guru es la manifestación de la Suprema Personalidad de Dios. Por consiguiente, todos los testimonios de los sastras y el comportamiento práctico de los devotos nos indican que debemos aceptar un guru. Aditi aceptó a su esposo como guru, para que le indicase cómo avanzar en el cultivo de conciencia espiritual, es decir, en el servicio devocional, mediante la adoración del Señor Supremo.