ekadāsura-rāṭ putram
ańkam āropya pāṇḍava
papraccha kathyatāḿ vatsa
manyate sādhu yad bhavān
ekadā — cierto día; asura-rāṭ — el emperador de los asuras; putram — a su hijo; aṅkam — en el regazo; āropya — sentando; pāṇḍava — ¡oh, Mahārāja Yudhiṣṭhira!; papraccha — preguntó; kathyatām — dime; vatsa — mi querido hijo; manyate — consideras; sādhu — el mejor; yat — el que; bhavān — tu gracia.
La pregunta de Hiranyakasipu a su pequeño hijo no tenía la menor dificultad; al contrario, estaba dándole la oportunidad de decir, simplemente, lo que mejor le había parecido. Prahlada Maharaja, por supuesto, era un devoto perfecto que lo sabía todo y que podía explicar cuál era la mejor parte de la vida. En los Vedas se dice: yasmin vijñate sarvam evam vijñatam bhavati: Con una correcta comprensión de Dios, se puede entender perfectamente cualquier tema. A veces tenemos que desafiar a grandes científicos y filósofos, pero, por la gracia de Krsna, logramos salir airosos. Prácticamente hablando, a un hombre corriente le es imposible desafiar a los científicos y filósofos en cuestión de conocimiento verdadero, pero un devoto puede desafiarles, porque, por la gracia de Krsna, conoce lo mejor de todo. Como se confirma en la Bhagavad-gita (10.11):
tesam evanukampartham
aham ajñana-jam tamah
nasayamy atma-bhava-stho
jñana-dipena bhasvata
Krsna, que está en el corazón de todos en forma de Superalma, disipa toda la ignorancia del corazón del devoto. Como una gracia especial, ilumina al devoto con conocimiento completo, poniendo ante él la antorcha de la luz. Así pues, Prahlada Maharaja tenía lo mejor del conocimiento, y, cuando su padre le preguntó, Prahlada se lo dio. Prahlada Maharaja, debido a su avanzada conciencia de Krsna, podía resolver los mayores problemas. Por todo ello, respondió con las siguientes palabras.