vitathābhiniveśo 'yaḿ
yad guṇeṣv artha-dṛg-vacaḥ
yathā manorathaḥ svapnaḥ
sarvam aindriyakaḿ mṛṣā
vitatha — inútil; abhiniveÅ›aḥ — el concepto; ayam — este; yat — que; guṇeá¹£u — en las modalidades de la naturaleza material; artha — como una realidad; dá¹›k-vacaḥ — el ver y el hablar de; yathÄ â€” tal como; manorathaḥ — una invención mental (soñar despierto); svapnaḥ — un sueño; sarvam — todo; aindriyakam — producido por los sentidos; má¹›á¹£Ä â€” falso.
La felicidad y la aflicción que se derivan de las actividades de los sentidos materiales no son felicidad y aflicción verdaderas. Por ello, la Bhagavad-gita habla de una felicidad que es trascendental al concepto material de la vida (sukham atyantikam yat tad buddhi-grahyam atindriyam). Nuestros sentidos, cuando se purifican de la contaminación material, se vuelven atindriya, sentidos trascendentales, y cuando esos sentidos trascendentales se ocupan en el servicio del amo de los sentidos, Hrsikesa, podemos obtener un placer trascendental verdadero. La aflicción y la felicidad que son producto de las capacidades inventivas de nuestra mente sutil no son reales, sino simples invenciones mentales. Por lo tanto, no debemos fantasear con esa supuesta felicidad, que no es más que una invención de la mente. Por el contrario, lo mejor es ocupar la mente en el servicio del Señor, Hrsikesa, y sentir asà la vida verdaderamente bienaventurada.
Se afirma en los Vedas: apama-somam amrta abhuma apsarobhir viharama. En relación con este concepto, deseamos ir a los planetas celestiales para disfrutar allà con muchachas jóvenes y beber soma-rasa. Ese placer imaginario, sin embargo, carece de valor, como se confirma en la Bhagavad-gita (7.23): antavat tu phalam tesam tad bhavaty alpa-medhasam: «Los hombres de poca inteligencia adoran a los semidioses, y los frutos que obtienen son limitados y temporales». Podemos llevar a cabo actividades fruitivas o adorar a los semidioses, y de ese modo elevarnos a los sistemas planetarios superiores para disfrutar de los sentidos, pero la Bhagavad-gita dice que esa situación no es deseable, pues es antavat, perecedera. La felicidad de que se disfruta de ese modo es como el placer de abrazar a una mujer joven en sueños; por algún tiempo puede resultar agradable, pero en realidad, el principio básico es falso. La felicidad y la aflicción de este mundo material, que son invenciones mentales, se comparan a sueños, pues son falsas. Todo pensamiento de alcanzar la felicidad mediante los sentidos materiales se apoya en una base falsa, y por lo tanto carece de sentido.