ya icchayeśaḥ sṛjatīdam avyayo
ya eva rakṣaty avalumpate ca yaḥ
tasyābalāḥ krīḍanam āhur īśituś
carācaraḿ nigraha-sańgrahe prabhuḥ
yaḥ — quien; icchayÄ â€” por Su voluntad (sin ser obligado por nadie); īśaḥ — el controlador supremo; sá¹›jati — crea; idam — éste (mundo material); avyayaḥ — permaneciendo tal y como Él es (sin haber perdido Su propia existencia por haber creado tantas manifestaciones materiales); yaḥ — quien; eva — en verdad; raká¹£ati — mantiene; avalumpate — aniquila; ca — también; yaḥ — quien; tasya — de Él; abalÄ â€” ¡oh, pobres mujeres!; krÄ«á¸anam — el juguete; Ähuḥ — ellos dicen; īśituḥ — de la Suprema Personalidad de Dios; cara-acaram — móviles e inmóviles; nigraha — en destrucción; saá¹…grahe — o en protección; prabhuḥ — perfectamente capacitado.
Con respecto a esto, la reinas podrÃan argumentar: «Si nuestro esposo fue protegido por la Suprema Personalidad de Dios cuando estaba en el vientre de su madre, ¿por qué no lo ha sido también ahora?». La respuesta a esa pregunta es: ya icchayesah srjatidam avyayo ya eva raksaty avalumpate ca yah. Las actividades de la Suprema Personalidad de Dios no están sujetas a discusión. El Señor siempre es libre, y por ello puede proteger o puede también destruir. Él no es nuestro criado; puede hacer lo que guste. Por lo tanto, Él es el Señor Supremo. El Señor no crea el mundo material porque alguien Se lo haya ordenado, y, por lo tanto, puede aniquilarlo todo si asà gusta. Esa es Su supremacÃa. Si alguien argumenta: «¿Por qué actúa de ese modo?», la respuesta es que lo hace asà porque es supremo. Nadie puede poner en tela de juicio Sus actividades. Si alguien argumenta: «¿Qué sentido tienen esas pecaminosas actividades de la creación y la destrucción?», la respuesta es que Él puede hacer lo que sea para probar Su omnipotencia, y nadie puede negarle ese derecho. Si Él tuviera que rendirnos cuentas de lo que hace y de lo que no hace, Su supremacÃa quedarÃa restringida.