ete vayaḿ nyāsa-harā rasaukasāḿ
gata-hriyo gadayā drāvitās te
tiṣṭhāmahe 'thāpi kathañcid ājau
stheyaḿ kva yāmo balinotpādya vairam
ete â Nosotros mismos; vayam â Nosotros; nyÄsa â de la responsabilidad; harÄáž„ â ladrones; rasÄ-okasÄm â de los habitantes de RasÄtala; gata-hriyaáž„ â desvergonzado; gadayÄ â por la maza; drÄvitÄáž„ â perseguido; te â tuya; tiáčŁáčhÄ-mahe â Nos vamos a quedar; atha api â sin embargo; kathañcit â de un modo u otro; Äjau â en el campo de batalla; stheyam â debemos quedarnos; kva â dĂłnde; yÄmaáž„ â podemos ir; balinÄ â con un enemigo poderoso; utpÄdya â habiendo forjado; vairam â enemistad.
El demonio deberĂa haber sabido que no se puede echar a Dios de ningĂșn lugar, pues es omnipresente. Los demonios creen que sus posesiones les pertenecen, pero la realidad es que todo es propiedad de la Suprema Personalidad de Dios, que puede tomar lo que sea en el momento que desee.