kaḥ śraddadhītānyatamas tava prabho
rasāḿ gatāyā bhuva udvibarhaṇam
na vismayo 'sau tvayi viśva-vismaye
yo māyayedaḿ sasṛje 'tivismayam
kaḥ — ¿quién más?; śraddadhīta — puede esforzarse; anyatamaḥ — alguien aparte de Ti; tava — Tu; prabho — ¡oh, Señor!; rasām — en el agua; gatāyāḥ — mientras yacía en; bhuvaḥ — de la Tierra; udvibarhaṇam — liberación; na — nunca; vismayaḥ — maravilloso; asau — un acto así; tvayi — a Ti; viśva — universal; vismaye — lleno de maravillas; yaḥ — aquel que; māyayā — con las potencias; idam — esto; sasṛje — creada; ativismayam — superando todas las maravillas.
Cuando un científico descubre algo que impresiona a las masas de gente ignorante, el hombre común, sin preguntar, acepta que tal descubrimiento es maravilloso. Pero al hombre inteligente no le asombran este tipo de descubrimientos. Le concede todo el mérito a la persona que creó el maravilloso cerebro del científico. Al hombre común también le asombra la maravillosa actividad de la naturaleza material, y atribuye todo el mérito a la manifestación cósmica. La persona erudita consciente de Krsna, sin embargo, sabe bien que más allá de la manifestación cósmica está el cerebro de Krsna, como se confirma en la Bhagavad-gita (9.10): mayadhyaksena prakrtih suyate sa-caracaram. Teniendo en cuenta que Krsna puede dirigir la maravillosa manifestación cósmica, para Él no es en ninguna medida maravilloso adoptar la forma gigantesca de un jabalí y así liberar la Tierra del fango de dentro del agua. Así pues, al devoto no le sorprende ver al maravilloso jabalí, porque sabe que el Señor es capaz de actuar de maneras mucho más maravillosas valiéndose de Sus potencias, que son inconcebibles incluso para el cerebro del científico más erudito.