tvam eka evāsya sataḥ prasūtis
tvaḿ sannidhānaḿ tvam anugrahaś ca
tvan-māyayā saḿvṛta-cetasas tvāḿ
paśyanti nānā na vipaścito ye
tvam — Tú (¡oh, Señor!); ekaḥ — pues eres uno sin par, lo eres todo; eva — en verdad; asya sataḥ — de la manifestación cósmica ahora visible; prasūtiḥ — la fuente original; tvam — Tu Señoría; sannidhānam — la conservación de esa energía cuando todo es destruido; tvam — Tu Señoría; anugrahaḥ ca — y el sustentador; tvat-māyayā — por Tu energía ilusoria, la energía externa; saṁvṛta-cetasaḥ — aquellos cuya inteligencia está cubierta por esa energía ilusoria; tvām — a Ti; paśyanti — observan; nānā — muchas diversidades; na — no; vipaścitaḥ — sabios eruditos o devotos; ye — que son.
Hay semidioses, comenzando por el Señor Brahma, el Señor Siva, e incluso Visnu, que son considerados el creador, el sustentador y el destructor del mundo material; pero en realidad no lo son. El hecho es que todo es la Suprema Personalidad de Dios, que Se manifiesta en diversidad de energías. Ekam evadvitiyam brahma. No existe ninguna otra existencia. Los verdaderos eruditos, vipascit, son aquellos que han alcanzado el nivel de entender y observar a la Suprema Personalidad de Dios en todas las circunstancias de la vida. Premañjana-cchurita-bhakti-vilocanena santah sadaiva hrdayesu vilokayanti (Brahma-samhita 5.38). Los devotos eruditos ven representada la presencia del Señor Supremo hasta en las situaciones de sufrimiento. El devoto que está sufriendo ve que el Señor ha aparecido en la forma del sufrimiento para aliviarle o purificarle de la contaminación del mundo material. Mientras permanecemos en el mundo material, pasamos por diversas circunstancias; por eso, el devoto ve en las situaciones de sufrimiento otro aspecto del Señor. Tat te 'nukampam susamiksamanah (Bhag. 10.14.8). Es decir, el devoto considera los sufrimientos un gran favor del Señor, pues entiende que, con ellos, se está purificando de la contaminación material. Tesam aham samuddharta mrtyu-samsara-sagarat (Bg. 12.7). El sufrimiento constituye un proceso negativo que tiene por objeto liberar al devoto del mundo material, que se denomina mrtyu-samsara, la constante sucesión de nacimientos y muertes. Cuando un alma se entrega al Señor, Él la purifica de la contaminación material con un poco de sufrimiento, para así salvarla del ciclo de nacimientos y muertes. Aunque el no devoto no puede entenderlo, el devoto sí lo entiende, debido a que es vipascit, erudito. El resultado es que el no devoto se perturba con la aparición del sufrimiento, mientras que el devoto da la bienvenida a esas aflicciones considerándolas otro aspecto del Señor. Sarvam khalv idam brahma. El devoto puede ver que, aparte de la Suprema Personalidad de Dios, no existe ninguna otra entidad. Ekam evadvitiyam. Sólo existe el Señor, que Se manifiesta en diversas energías.
Las personas que carecen de conocimiento verdadero creen que el Señor Brahma es el creador, Visnu el sustentador y Siva el destructor, y que los semidioses tienen determinadas funciones que cumplir. Entonces se proponen unos objetivos y adoran a los semidioses para ver cumplidos esos objetivos (kamais tais tair hrta-jñanah prapadyante 'nya-devatah). El devoto, sin embargo, sabe que esos semidioses no son sino partes de la Suprema Personalidad de Dios, y que, como partes que son, no es necesario adorarles. En la Bhagavad-gita (9.23), el Señor dice:
ye 'py anya-devata bhakta
yajante sraddhayanvitah
te 'pi mam eva kaunteya
yajanty avidhi-purvakam
«Aquellos que son devotos de otros dioses y que les adoran con fe, en realidad Me adoran únicamente a Mí, ¡oh, hijo de Kunti!, pero lo hacen de modo equivocado». No hay por qué adorar a los semidioses, ya que esa adoración es una práctica irregular, avidhi. Por el simple hecho de entregarnos a los pies de loto de Krsna, estamos cumpliendo perfectamente con nuestros deberes. No hace falta adorar a otras deidades o semidioses, cuya divinidad es venerada por los mudhas, los necios confundidos por las tres modalidades de la naturaleza material (tribhir gunamayair bhavair ebhih sarvam idam jagat). Esos necios no pueden entender que la verdadera fuente de todo es la Suprema Personalidad de Dios (mohitam nabhijanati mam ebhyah param avyayam). Sin dejarnos distraer por los diversos rasgos del Señor, debemos concentrarnos en el Señor Supremo y adorarle (mam ekam saranam vraja). Ése debe ser el principio que guíe nuestras vidas.