tato 'tikutukodvṛtya-
stimitaikādaśendriyaḥ
tad-dhāmnābhūd ajas tūṣṇīḿ
pūr-devy-antīva putrikā
tataḥ — entonces; atikutuka-udvṛtya-stimita-ekādaśa-indriyaḥ — cuyos once sentidos habían acusado un gran asombro para luego quedar pasmados de bienaventuranza trascendental; tad-dhāmnā — por la refulgencia de aquellas viṣṇu-mūrtis; abhūt — quedó; ajaḥ — el Señor Brahmā; tūṣṇīm — en silencio; pūḥ-devī-anti — en presencia de la deidad de la aldea (grāmya-devatā); iva — igual que; putrikā — un muñeco de barro hecho por un niño.
Brahma se quedó pasmado de bienaventuranza trascendental (muhyanti yat surayah). Estaba tan atónito que sus sentidos no podían reaccionar, y no lograba decir ni hacer nada. Brahma había pensado que él era absoluto, se creía la única deidad con poder, pero ahora su orgullo se vio humillado, y de nuevo pasó a ser un simple semidiós; un semidiós importante, eso sí, pero, al fin y al cabo, un semidiós. Por lo tanto, no se puede comparar a Brahma con Dios: Krsna o Narayana. Está prohibido comparar a Narayana incluso con semidioses tan elevados como Brahma y Siva, y mucho menos con cualquier otro ser vivo.
yas tu narayanam devam
brahma-rudradi-daivataih
samatvenaiva vikseta
sa pasandi bhaved dhruvam
«Ciertamente, la persona que considera que Brahma y Siva están al mismo nivel que Narayana debe ser tenida por ofensora». No debemos equiparar a los semidioses con Narayana, pues hasta el propio Saṅkaracarya lo ha prohibido (narayanah paro 'vyaktat). Además, como se menciona en los Vedas: eko narayana asin na brahma nesanah: «Al comienzo de la creación sólo existía la Suprema Personalidad de Dios, Narayana, y no existían ni Brahma ni Siva». Por lo tanto, quien al final de su vida recuerda a Narayana alcanza la perfección de la vida (ante narayana-smrtih).