ātmādi-stamba-paryantair
mūrtimadbhiś carācaraiḥ
nṛtya-gītādy-anekārhaiḥ
pṛthak pṛthag upāsitāḥ
ātma-ādi-stamba-paryantaiḥ — desde el Señor Brahmā a la entidad viviente insignificante; mūrti-madbhiḥ — adoptando alguna forma; cara-acaraiḥ — tanto móviles como inmóviles; nṛtya-gīta-ādi-aneka-arhaiḥ — con muchos y muy diversos medios de adoración, como la danza y el canto; pṛthak pṛthak — de diversas maneras; upāsitāḥ — que estaban siendo adorados.
Innumerables entidades vivientes están ocupadas en diversas formas de adoracin al Supremo, conforme a sus facultades y a su karma, pero todas están ocupadas (jivera 'svarupa' haya - - krsnera `nitya-dasa'); no hay nadie que no esté sirviendo. Por esa razón, en la visión del maha-bhagavata, el devoto más elevado, todo el mundo está ocupado en servicio a Krsna; en su modo de ver, él es el único que no está ocupado. Tenemos que elevarnos de una posición inferior a una posición superior, y la posición más elevada es ofrecer servicio directo en Vrndavana. Pero todos los seres están ocupados en servicio. Negar el servicio del Señor es maya.
ekale isvara krsna, ara saba bhrtya
yare yaiche nacaya, se taiche kare nrtya
«Solamente Krsna es el amo supremo, y todos los demás son Sus sirvientes. Conforme al deseo de Krsna, todos danzan al son que Él toca» (Cc. Ādi 5.142).
Hay dos clases de entidades vivientes: móviles e inmóviles. Los árboles, por ejemplo, están fijos en un lugar, pero las hormigas se mueven. Brahma vio que todas ellas, hasta las más pequeñas de las criaturas, habían adoptado formas diversas y, en función de ello, estaban ocupadas en el servicio del Señor Visnu.
Recibimos una determinada forma en función del modo en que adoramos al Señor. El cuerpo que recibimos en el mundo material es dirigido por los semidioses; a veces se habla de ello como «influencia de las estrellas». Como se indica en la Bhagavad-gita (3.27) con las palabras prakrteh kriyamanani, somos controlados por los semidioses conforme a las leyes de la naturaleza.
Todas las entidades vivientes sirven a Krsna de diversas maneras, pero, cuando se vuelven conscientes de Krsna, ese servicio se manifiesta en plenitud. Del mismo modo que el capullo de una flor se abre poco a poco y ofrece su deseado aroma y belleza, la entidad viviente que llega al plano de conciencia de Krsna ve florecer plenamente la belleza de su forma real. Ésa es la belleza suprema y la satisfacción definitiva del deseo.