athāgha-nāmābhyapatan mahāsuras
teṣāḿ sukha-krīḍana-vīkṣaṇākṣamaḥ
nityaḿ yad-antar nija-jīvitepsubhiḥ
pītāmṛtair apy amaraiḥ pratīkṣyate
atha — a continuación; agha-nāma — un demonio muy poderoso llamado Agha; abhyapatat — apareció en el lugar; mahā-asuraḥ — un gran demonio, sumamente poderoso; teṣām — de los pastorcillos de vacas; sukha-krīḍana — el disfrute de sus pasatiempos trascendentales; vīkṣaṇa-akṣamaḥ — incapaz de ver, no podía soportar la felicidad trascendental de los vaqueritos; nityam — perpetuamente; yat-antaḥ — el final de la vida de Aghāsura; nija-jīvita-īpsubhiḥ — sólo para vivir libres de la perturbación de Aghāsura; pīta-amṛtaiḥ api — aunque bebían néctar cada día; amaraiḥ — por esos semidioses; pratīkṣyate — era esperado también (los semidioses también aguardaban la muerte del gran demonio Aghāsura).
Podríamos preguntarnos cómo es posible que los pasatiempos de Krsna se viesen interrumpidos por un demonio. Srila Visvanatha Cakravarti Thakura responde a esa pregunta diciendo que, si bien no era posible interrumpir el placer trascendental de los pastorcillos de vacas, también es cierto que, si no interrumpían el placer trascendental de sus diversas actividades, no podían tomar el almuerzo. Por esa razón, yogamaya dispuso que Aghasura llegase a la hora del almuerzo, de forma que los niños dejasen a un lado sus actividades durante un momento y pudieran tomar su almuerzo. En la variedad está el gusto. Los vaqueritos jugaban todo el tiempo, interrumpían su juego y seguían jugando de otra manera. Ésa es la razón de que todos los días viniese un demonio a interrumpir sus pasatiempos. Cuando el demonio estaba muerto, los niños se ocupaban de nuevo en sus pasatiempos trascendentales.