dṛṣṭvā samatvaḿ tac chaureḥ
satye caiva vyavasthitim
kaḿsas tuṣṭa-manā rājan
prahasann idam abravīt
dṛṣṭvā — al ver; samatvam — que se mantenía equilibrado, sin perturbarse en el sufrimiento ni en la felicidad; tat — eso; śaureḥ — de Vasudeva; satye — fiel a su palabra; ca — en verdad; eva — ciertamente; vyavasthitim — la firmeza; kaṁsaḥ — Kaṁsa; tuṣṭa-manāḥ — muy satisfecho (con la conducta de Vasudeva, que le entregó su primer hijo para cumplir su promesa); rājan — ¡oh, Mahārāja Parīkṣit!; prahasan — con el rostro sonriente; idam — esto; abravīt — dijo.
En este verso es muy significativa la palabra samatvam. Samatvam se refiere a alguien que se mantiene siempre equilibrado, sin dejarse afectar ni por la felicidad ni por la aflicción. Vasudeva se mantenía tan estable y equilibrado que, sin dar la menor muestra de agitación, puso su primer hijo en manos de Kamsa para que éste lo matase. La Bhagavad-gita (2.56) dice: duhkhesv anudvigna-manah sukhesu vigata-sprhah. En el mundo material, no debemos estar muy deseosos de ser felices, ni debemos perturbarnos demasiado con los sufrimientos materiales. El Señor Krsna aconsejó a Arjuna:
matra-sparsas tu kaunteya
sitosna-sukha-duhkha-dah
agamapayino 'nityas
tams titiksasva bharata
«¡Oh, hijo de Kunti!, la aparición temporal de la felicidad y la aflicción, y su desaparición a su debido tiempo, son como la aparición y desaparición de las estaciones del invierno y el verano. Tienen su origen en la percepción de los sentidos, ¡oh, vástago de Bharata!, y hay que aprender a tolerarlas sin perturbarse» (Bg. 2.14). El alma autorrealizada no se deja perturbar por lo que se llama felicidad y aflicción. Esto es cierto especialmente en el caso de un devoto como Vasudeva, que lo demostró con su ejemplo práctico. Vasudeva, sin perturbarse lo más mínimo, entregó su primer hijo a Kamsa para que lo matase.