sarva-bhūteṣu yenaikaḿ
bhāvam avyayam īkṣate
avibhaktaḿ vibhakteṣu
taj jñānaḿ viddhi sāttvikam
sarva-bhÅ«teá¹£u — en todas las entidades vivientes; yena — por lo cual; ekam — una; bhÄvam — situación; avyayam — imperecedera; Ä«ká¹£ate — uno ve; avibhaktam — indiviso; vibhakteá¹£u — en los innumerables que están divididos; tat — eso; jñÄnam — conocimiento; viddhi — sabe; sÄttvikam — en la modalidad de la bondad.
La persona que ve un alma espiritual en cada ser vivo, ya sea en un semidiós, en un ser humano, en un animal, en un ave, en una bestia, en un ser acuático o en una planta, posee conocimiento en el plano de la modalidad de la bondad. En todas las entidades vivientes hay un alma espiritual, aunque ellas tienen diferentes cuerpos en función de su trabajo previo. Como se señala en el Séptimo CapÃtulo, la manifestación de la fuerza viva que hay en cada cuerpo, se debe a la naturaleza superior del Señor Supremo. Asà pues, el ver en cada cuerpo esa naturaleza superior única, esa fuerza viva, es ver en el plano de la modalidad de la bondad. Esa energÃa viviente es imperecedera, a pesar de que los cuerpos son perecederos. Las diferencias se perciben en función del cuerpo; como en la vida condicional hay muchas formas de existencia material, la fuerza viva parece estar dividida. Ese conocimiento impersonal es un aspecto de la autorrealización.