upāyaḿ kathayiṣyāmi
tava vipra śṛṇuṣva tat
ayaḿ hy ātmābhicāras te
yatas taḿ yāhi mā ciram
sādhuṣu prahitaḿ tejaḥ
prahartuḥ kurute 'śivam
upāyam — la forma de protegerte en esta peligrosa situación; kathayiṣyāmi — te hablaré; tava — de tu liberación de este peligro; vipra — ¡oh, brāhmaṇa!; śṛṇuṣva — simplemente escúchame; tat — lo que Yo digo; ayam — lo que has hecho; hi — en verdad; ātma-abhicāraḥ — envidia del propio ser o envidia de ti mismo (tu mente se ha vuelto tu enemiga); te — para ti; yataḥ — debido a quien; tam — a él (a Mahārāja Ambarīṣa); yāhi — ve inmediatamente; mā ciram — sin esperar ni un momento; sādhuṣu — hacia los devotos; prahitam — aplicado; tejaḥ — poder; prahartuḥ — de quien lo utiliza; kurute — hace; aśivam — mala fortuna.
El vaisnava siempre es objeto de la envidia de los no devotos, incluso si el no devoto resulta ser su padre. Un ejemplo práctico de esto fue Hiranyakasipu, que sentía envidia de Prahlada Maharaja; pero esa envidia no perjudicó a Prahlada, sino a Hiranyakasipu. Todo lo que Hiranyakasipu hizo contra su hijo Prahlada Maharaja fue tenido muy en cuenta por la Suprema Personalidad de Dios, y, al final, cuando Hiranyakasipu estaba a punto de matar a Prahlada, el Señor apareció personalmente y acabó con él. El servicio que se ofrece a un vaisnava se va acumulando y beneficia al devoto. Por el contrario, las actividades dirigidas a perjudicar al devoto acaban por ser la causa de la caída de quien las realiza. El propio Durvasa, que era un gran brahmana y yogi místico, se vio en una situación muy peligrosa debido a su ofensa a los pies de loto de Maharaja Ambarisa, que era un devoto puro.