aprattaḿ nas tvayā kiḿ nu
bhagavan bhuvaneśvara
yan no 'ntar-hṛdayaḿ viśya
tamo haḿsi sva-rociṣā
aprattam — no dado; naḥ — a nosotros; tvayā — por Tu Señoría; kim — qué; nu — en verdad; bhagavan — ¡oh, Señor Supremo!; bhuvana-īśvara — ¡oh, amo del universo entero!; yat — puesto que; naḥ — nuestro; antaḥ-hṛdayam — en lo más hondo del corazón; viśya — entrar; tamaḥ — la oscuridad de la ignorancia; haṁsi — Tú aniquilas; sva-rociṣā — con Tu propia refulgencia.
Cuando la Suprema Personalidad de Dios quiso ofrecerle una bendición, Dhruva Maharaja contestó: «¡Oh, mi Señor!, estoy completamente satisfecho. No necesito ninguna bendición material». Del mismo modo, cuando el Señor Nrsimhadeva ofreció a Prahlada Maharaja una bendición, Prahlada también se negó a aceptarla, afirmando que el devoto no debe ser como un vanik, un comerciante que da algo esperando alguna ganancia a cambio. La persona que se vuelve devota para obtener ganancias materiales no es un devoto puro. Los brahmanas siempre reciben iluminación de la Suprema Personalidad de Dios desde dentro del corazón (sarvasya caham hrdi sannivisto mattah smrtir jñanam apohanam ca). Y, puesto que siempre actúan bajo la dirección de la Suprema Personalidad de Dios, los brahmanas y los vaisnavas no codician riquezas materiales. Poseen lo absolutamente imprescindible, pero no quieren un gran reino. Tenemos el ejemplo de Vamanadeva, quien, haciendo el papel de brahmacari, solamente quería tres pasos de tierra. Aspirar a unas posesiones siempre en aumento para complacer los sentidos es simple ignorancia, y esa ignorancia no tiene lugar en el corazón del brahmana o vaisnava.