sa yaiḥ spṛṣṭo 'bhidṛṣṭo vā
saḿviṣṭo 'nugato 'pi vā
kosalās te yayuḥ sthānaḿ
yatra gacchanti yoginaḥ
saḥ — Él, el Señor Rāmacandra; yaiḥ — por esas personas; spṛṣṭaḥ — tocado; abhidṛṣṭaḥ — visto; vā — o; saṁviṣṭaḥ — comer o acostarse juntos; anugataḥ — siguieron como sirvientes; api vā — incluso; kosalāḥ — todos los habitantes de Kosala; te — ellos; yayuḥ — partieron; sthānam — al lugar; yatra — a donde; gacchanti — van; yoginaḥ — todos los bhakti-yogīs.
En la Bhagavad-gita (4.9), el Señor dice:
janma karma ca me divyam
evam yo vetti tattvatah
tyaktva deham punar janma
naiti mam eti so 'rjuna
«¡Oh, Arjuna!, aquel que conoce la naturaleza trascendental de Mi advenimiento y actividades, al abandonar el cuerpo no vuelve a nacer en este mundo material, sino que alcanza Mi morada eterna». Esto se confirma en este verso. Todos los habitantes de Ayodhya que vieron al Señor Ramacandra en calidad de súbditos, Le sirvieron como sirvientes, se sentaron y hablaron con Él como amigos, o estuvieron de alguna manera presentes durante Su reinado, fueron de regreso al hogar, de vuelta a Dios. Después de abandonar el cuerpo, el devoto que alcanza la perfección en el servicio devocional entra en el universo en que el Señor Ramacandra o el Señor Krsna estén realizando Sus pasatiempos. En ese prakata-lila, el devoto aprende a servir al Señor, hasta que finalmente se eleva al sanatana-dhama, la morada suprema en el mundo espiritual. Ese sanatana-dhama se menciona también en la Bhagavad-gita (paras tasmat tu bhavo 'nyo 'vyakto 'vyaktat sanatanah). Quien entra en los pasatiempos eternos del Señor recibe el nombre de nitya-lila-pravista. Para que entendamos claramente las razones del regreso del Señor Ramacandra, en este verso se menciona que el Señor Se marchó al lugar al que van los bhakti-yogis. Los impersonalistas dan una interpretación errónea a las afirmaciones del Señor y entienden que el Señor entró en Su propia refulgencia, de modo que Se volvió impersonal. Pero el Señor es una persona, y Sus devotos también son personas. En verdad, las entidades vivientes, al igual que el Señor, fueron personas en el pasado, son personas en el presente y continuarán siendo personas incluso después de abandonar el cuerpo. Esto lo confirma también la Bhagavad-gita.