yaḥ kaścaneśo balino 'ntakoragāt
pracaṇḍa-vegād abhidhāvato bhṛśam
bhītaḿ prapannaḿ paripāti yad-bhayān
mṛtyuḥ pradhāvaty araṇaḿ tam īmahi
yaḥ — aquel que (la Suprema Personalidad de Dios); kaścana — alguien; īśaḥ — el controlador supremo; balinaḥ — muy poderoso; antaka-uragāt — de la gran serpiente del tiempo, que trae consigo la muerte; pracaṇḍa-vegāt — de espantosa fuerza; abhidhāvataḥ — que persigue; bhṛśam — sin cesar (a cada hora, a cada minuto); bhītam — aquel que teme a la muerte; prapannam — que se ha entregado (a la Suprema Personalidad de Dios); paripāti — Él protege; yat-bhayāt — por miedo al Señor; mṛtyuḥ — la misma muerte; pradhāvati — sale huyendo; araṇam — el verdadero refugio de todos; tam — a Él; īmahi — Yo me entrego o me refugio.
La persona inteligente entiende que existe una autoridad grande y suprema por encima de todo. Esa gran autoridad adviene en distintas encarnaciones para salvar a los inocentes de sus sufrimientos. Como confirma la Bhagavad-gita (4.8): paritranaya sadhunam vinasaya ca duskrtam: El Señor adviene en Sus diversas encarnaciones con un doble objetivo: aniquilar a los duskrti, a los pecadores, y proteger a Sus devotos. El rey de los elefantes decidió entregarse al Señor. Fue una decisión inteligente. Debemos conocer a esa gran Suprema Personalidad de Dios y entregarnos a Él. El Señor viene personalmente para enseñarnos el modo de ser felices; sólo los necios y sinverguenzas son incapaces de ver con la inteligencia a esa autoridad suprema, la Persona Suprema. En el sruti-mantra se dice:
bhisasmad vatah pavate
bhisodeti suryah
bhisasmad agnis candras ca
mrtyur dhavati pañcamah
(Taittiriya Upanisad 2.8)
Si el viento sopla, si el Sol reparte calor y luz, y si la muerte persigue a todos los seres, es por temor a la Suprema Personalidad de Dios. Así pues, existe un controlador supremo, como se confirma en la Bhagavad-gita (9.10): mayadhyaksena prakrtih suyate sacaracaram: El maravilloso funcionamiento de la manifestación material se debe al controlador supremo. Por lo tanto, toda persona inteligente puede entender que existe un controlador supremo. Además, ese controlador supremo adviene personalmente en las formas del Señor Krsna, el Señor Caitanya Mahaprabhu y el Señor Ramacandra, a fin de darnos instrucciones y mostrarnos con el ejemplo cómo entregarnos a la Suprema Personalidad de Dios. Pero, aun así, aquellos que son duskrti, los más bajos entre los hombres, no se entregan (na mam duskrtino mudhah prapadyante naradhamah).
En la Bhagavad-gita, el Señor dice claramente: mrtyuh sarva-haras caham: «Yo soy la muerte, que todo lo devora». Vemos entonces que la muerte, mrtyu, es el representante que lo arrebata todo a la entidad viviente que ha recibido un cuerpo material. Nadie puede decir: «No temo a la muerte». Eso es falso. Todo el mundo teme a la muerte. Sin embargo, aquel que busca el refugio de la Suprema Personalidad de Dios puede salvarse de la muerte. Alguien podría argumentar: «¿Es que los devotos no mueren?». La respuesta es que el devoto tiene que abandonar el cuerpo, sin duda alguna, pues el cuerpo es material, pero hay una diferencia: la persona que se ha entregado plenamente a Krsna y goza de la protección de Krsna se encuentra en su último cuerpo; nunca más tendrá que recibir un cuerpo material para morir de nuevo. Así lo asegura la Bhagavad-gita (4.9): tyaktva deham punar janma naiti mam eti so 'rjuna: El devoto, después de abandonar el cuerpo, no recibe otro cuerpo material, sino que va de regreso al hogar, de vuelta a Dios. Nos encontramos en constante peligro, pues la muerte puede venir en cualquier momento. El miedo a la muerte no es sólo para Gajendra, el rey de los elefantes, sino que todos debemos temer a la muerte, pues todos estamos en las fauces del cocodrilo del tiempo eterno, y podemos morir en cualquier instante. Lo mejor, por lo tanto, es que nos refugiemos en Krsna, la Suprema Personalidad de Dios, para así salvarnos de la lucha por la existencia en el mundo material, que nos lleva a nacer y a morir continuamente. Obtener esa comprensión es el objetivo supremo de la vida.
Así terminan los significados de Bhaktivedanta del Capítulo Segundo del Canto Octavo del , titulado «La crisis del elefante Gajendra».