tasmād amūs tanu-bhṛtām aham āśiṣo 'jña
āyuḥ śriyaḿ vibhavam aindriyam āviriñcyāt
necchāmi te vilulitān uruvikrameṇa
kālātmanopanaya māḿ nija-bhṛtya-pārśvam
tasmÄt — por lo tanto; amūḥ — todas esas (opulencias); tanu-bhá¹›tÄm — en relación con las entidades vivientes que poseen cuerpos materiales; aham — yo; ÄÅ›iá¹£aḥ ajñaḥ — conociendo bien los resultados de esas bendiciones; Äyuḥ — una vida larga; Å›riyam — opulencias materiales; vibhavam — influencia y glorias; aindriyam — todas destinadas a la complacencia de los sentidos; ÄviriñcyÄt — comenzando con el Señor BrahmÄ (hasta la diminuta hormiga); na — no; icchÄmi — deseo; te — por Ti; vilulitÄn — sujeto a un final; uru-vikrameṇa — que eres extraordinariamente poderoso; kÄla-ÄtmanÄ â€” como amo del factor tiempo; upanaya — por favor, lleva; mÄm — a mÃ; nija-bhá¹›tya-pÄrÅ›vam — a la compañÃa de Tu fiel sirviente, Tu devoto.
Del estudio del Srimad-Bhagavatam, y a través de los episodios históricos mencionados en esta gran obra de conocimiento espiritual, todo hombre inteligente puede obtener una experiencia semejante a la de Prahlada Maharaja. Siguiendo los pasos de Prahlada Maharaja, debemos adquirir una experiencia profunda acerca del carácter perecedero de toda opulencia material. Incluso el cuerpo, al que tratamos de procurar tantos placeres sensuales, puede perecer en cualquier momento. El alma, sin embargo, es eterna. Na hanyate hanyamane sarire: El alma no se destruye ni siquiera cuando se destruye el cuerpo. Por lo tanto, el hombre inteligente debe cuidar de la felicidad del alma espiritual, no de la felicidad del cuerpo. Incluso si recibimos cuerpos como los del Señor Brahma y los otros grandes semidioses, cuya vida es muy larga, también esos cuerpos serán destruidos; por lo tanto, el hombre inteligente debe preocuparse del alma espiritual, que es inmortal.
Para salvarnos, debemos refugiarnos en un devoto puro. Narottama dasa Thakura, dice, por lo tanto: chadiya vaisnava-seva nistara payeche keba: Quien desee salvarse de las embestidas de la naturaleza material, cuya causa es el cuerpo material, debe volverse consciente de Krsna y tratar de entender perfectamente a Krsna. Como se afirma en la Bhagavad-gita (4.9): janma karma ca me divyam evam yo vetti tattvatah. Debemos entender a Krsna tal y como es, lo cual sólo se puede lograr mediante el servicio a un devoto puro. Vemos entonces que Prahlada Maharaja ruega al Señor Nrsimhadeva que le ponga en contacto con un devoto o sirviente puro, en lugar de concederle opulencia material. Todo hombre inteligente en el mundo material debe seguir a Prahlada Maharaja. Mahajano yena gatah sa panthah. Prahlada Maharaja no querÃa disfrutar de la herencia de su padre; preferÃa ser un sirviente del sirviente del Señor. Prahlada Maharaja y los que son estrictos en seguir sus pasos rechazan la civilización humana ilusoria que se esfuerza constantemente por alcanzar la felicidad mediante el progreso material.
Los distintos tipos de opulencia material reciben técnicamente los nombres de bhukti, mukti y siddhi. Bhukti se refiere a gozar de una buena posición, como, por ejemplo, vivir con los semidioses en los sistemas planetarios superiores, donde se puede disfrutar de la complacencia material de los sentidos en grado sumo. Mukti significa estar hastiado del avance material y desear ser uno con el Supremo. Siddhi se refiere a practicar un riguroso sistema de meditación, como los yogis, para alcanzar ocho tipos de perfección (anima, laghima, mahima, etc.). Todos los que desean algún progreso material derivado de bhukti, mukti o siddhi, al cabo del tiempo reciben un castigo y tienen que regresar a las actividades materiales. Prahlada Maharaja rechazó todo eso; su único deseo era ocuparse como aprendiz bajo la guÃa de un devoto puro.