tasmād ahaḿ vigata-viklava īśvarasya
sarvātmanā mahi gṛṇāmi yathā manīṣam
nīco 'jayā guṇa-visargam anupraviṣṭaḥ
pūyeta yena hi pumān anuvarṇitena
tasmāt — por lo tanto; aham — yo; vigata-viklavaḥ — habiendo abandonado la idea de no estar capacitado; īśvarasya — de la Suprema Personalidad de Dios; sarva-ātmanā — con plena entrega; mahi — gloria; gṛṇāmi — yo cantaré o describiré; yathā manīṣam — conforme a mi inteligencia; nīcaḥ — aunque de bajo nacimiento (al ser mi padre un gran demonio, carente por completo de buenas cualidades); ajayā — debido a la ignorancia; guṇa-visargam — el mundo material (en donde la entidad viviente nace conforme a la contaminación de las modalidades de la naturaleza); anupraviṣṭaḥ — habiendo entrado en; pūyeta — pueda ser purificada; yena — por las cuales (por las glorias del Señor); hi — en verdad; pumān — una persona; anuvarṇitena — al ser cantadas o recitadas.
Queda perfectamente claro que una persona, para ser devoto, no necesita haber nacido en una familia muy elevada, ni ser rico, aristocrático o muy hermoso. Ninguna de esas cualidades hará que se ocupe en servicio devocional. Debemos cultivar el sentimiento devocional: «Dios es grande y yo soy muy pequeño. Por lo tanto, mi deber es ofrecer oraciones al Señor». Sólo partiendo de esa base podremos comprender al Señor y ofrecerle servicio. En la Bhagavad- gita (18.55), el Señor dice:
bhaktya mam abhijanati
yavan yas casmi tattvatah
tato mam tattvato jñatva
visate tad-anantaram
«ánicamente se Me puede comprender tal y como soy, como la Suprema Personalidad de Dios, por medio del servicio devocional. Y cuando, mediante esa devoción, se tiene plena conciencia de Mí, se puede entrar en el Reino de Dios». Así pues, Prahlada Maharaja decidió ofrecer sus mejores oraciones al Señor, sin pararse en consideraciones acerca de su posición material.