tata enaḿ gurur jñātvā
jñāta-jñeya-catuṣṭayam
daityendraḿ darśayām āsa
mātṛ-mṛṣṭam alańkṛtam
tataḥ — a continuación; enam — a él (a Prahlāda Mahārāja); guruḥ — sus maestros; jñātvā — sabiendo; jñāta — sabido; jñeya — que deben saberse; catuṣṭayam — los cuatro principios de la diplomacia (sāma, pacificar; dāna — , dar dinero como regalo; bheda — , dividir; y daṇḍa — , castigar); daitya-indram — a Hiraṇyakaśipu, el rey de los daityas; darśayām āsa — presentaron; mātṛ-mṛṣṭam — bañado por la madre; alaṅkṛtam — adornado con alhajas.
El aprendizaje de estos cuatro principios de la diplomacia es esencial para el estudiante que se prepara para ser gobernante o rey. Entre el rey y los súbditos siempre hay rivalidad. Por eso, cuando un ciudadano agita al pueblo contra el rey, éste tiene el deber de llamarle y tratar de calmarle con palabras dulces, diciendo: «Tú eres muy importante en el estado. ¿Para qué vas a molestar al pueblo con nuevas causas de agitación?». Si entonces no se calma, el rey debe ofrecerle un cargo bien remunerado, como gobernador, ministro, o cualquier otro puesto que suponga un buen salario, a fin de que recapacite en su actitud. Si el enemigo continúa con sus actividades de agitación, el rey debe tratar de crear disensiones entre sus partidarios, y si aún persiste, debe recurrir al argumentum ad baculum, imponiéndole un castigo severo, como la prisión o el pelotón de fusilamiento. Los maestros que Hiranyakasipu había designado enseñaron a Prahlada el arte de la diplomacia, de manera que supiera desenvolverse en el gobierno de sus súbditos.