devodyāna-śriyā juṣṭam
adhyāste sma tri-piṣṭapam
mahendra-bhavanaḿ sākṣān
nirmitaḿ viśvakarmaṇā
trailokya-lakṣmy-āyatanam
adhyuvāsākhilarddhimat
deva-udyāna — del famoso jardín de los semidioses; śriyā — por las opulencias; juṣṭam — enriquecido; adhyāste sma — permaneció en; tri-piṣṭapam — el sistema planetario superior, donde viven muchos semidioses; mahendra-bhavanam — el palacio de Indra, el rey del cielo; sākṣāt — directamente; nirmitam — construido; viśvakarmaṇā — por el famoso arquitecto de los semidioses, Viśvakarmā; trailokya — de los tres mundos; lakṣmī-āyatanam — la residencia de la diosa de la fortuna; adhyuvāsa — vivió en; akhila-ṛddhi-mat — con la opulencia de todo el universo.
En este verso vemos que los planetas celestiales del sistema planetario superior son miles de miles de veces más opulentos que el sistema planetario inferior en que vivimos. Visvakarma, el célebre arquitecto celestial, es famoso como constructor de muchos edificios maravillosos en los planetas superiores, donde, además de esos hermosísimos edificios, hay también muchos jardines y parques opulentos, a los que se hace referencia con la palabra nandana-devodyana, que significa: «jardines perfectamente aptos para el disfrute de los semidioses». Esta descripción del sistema planetario superior y de sus opulencias debe entenderse a partir de obras autorizadas como las Escrituras védicas. Los telescopios y demás instrumentos imperfectos de los científicos no son adecuados para hacerse una idea correcta del sistema planetario superior. Los supuestos científicos necesitan de esos instrumentos porque su visión es imperfecta; sin embargo, también los instrumentos son en sí imperfectos. Por consiguiente, los hombres no pueden conocer los sistemas planetarios superiores con instrumentos imperfectos fabricados por ellos mismos. La información directa que se recibe de las Escrituras védicas es, sin embargo, perfecta; por lo tanto, no podemos aceptar la afirmación de que sólo hay moradas opulentas en la Tierra, y no en otros planetas.