नोद्विग्नचित्तो व्यसनेषु निःस्पृहः
श्रुतेषु दृष्टेषु गुणेष्ववस्तुदृक् ।
दान्तेन्द्रियप्राणशरीरधीः सदा
प्रशान्तकामो रहितासुरोऽसुरः ॥३३॥

nodvigna-citto vyasaneṣu niḥspṛhaḥ

śruteṣu dṛṣṭeṣu guṇeṣv avastu-dṛk

dāntendriya-prāṇa-śarīra-dhīḥ sadā

praśānta-kāmo rahitāsuro 'suraḥ

na — no; udvigna — agitada; cittaḥ — cuya conciencia; vyasaneṣu — en situaciones de peligro; niḥspṛhaḥ — sin deseo; śruteṣu — en lo que había escuchado (y en especial la elevación a los planetas celestiales mediante actividades piadosas); dṛṣṭeṣu — así como en las cosas temporales que había visto; guṇeṣu — los objetos del placer de los sentidos bajo las modalidades de la naturaleza material; avastu-dṛk — considerando insustanciales; dānta — controlando; indriya — los sentidos; prāṇa — la fuerza viviente; śarīra — el cuerpo; dhīḥ — y la inteligencia; sadā — siempre; praśānta — calmados; kāmaḥ — cuyos deseos materiales; rahita — completamente libre de; asuraḥ — naturaleza demoníaca; asuraḥ — aunque nacido en una familia demoníaca.


Texto

Prahlada Maharaja, a pesar de haber nacido en una familia de asuras, no era un asura, sino un gran devoto del Señor Visnu. A diferencia de los demás asuras, nunca envidiaba a los vaisnavas. No se agitaba cuando estaba en peligro, y no tenía ningún interés directo ni indirecto en las actividades fruitivas que se explican en los Vedas. En verdad, como consideraba inútil todo lo material, estaba completamente libre de deseos materiales. Siempre tenía los sentidos y el aire vital bajo control; dotado de una inteligencia y una determinación firmes, había subyugado todos los deseos de disfrute.

Significado

Este verso nos descubre que las buenas cualidades de un hombre, o la ausencia de ellas, no vienen determinadas simplemente por su cuna. Prahlada Maharaja había nacido en una familia de asuras, pero tenía todas las buenas cualidades de un brahmana perfecto (brahmanyah sila-sampannah). Bajo la dirección de un maestro espiritual, todas las personas pueden llegar a ser brahmanas perfectamente cualificados. Prahlada Maharaja nos da un magnífico ejemplo de cómo orientar nuestro pensamiento hacia el maestro espiritual y aceptar serenamente sus instrucciones.