iti śuśruma nirbandhaḿ
tapaḥ paramam āsthitaḥ
vidhatsvānantaraḿ yuktaḿ
svayaḿ tri-bhuvaneśvara
iti — de este modo; śuśruma — hemos oído; nirbandham — fuerte determinación; tapaḥ — austeridad; paramam — muy rigurosa; āsthitaḥ — está establecido en; vidhatsva — por favor, toma medidas; anantaram — tan pronto como sea posible; yuktam — apropiadas; svayam — tú mismo; tri-bhuvana-īśvara — ¡oh, amo de los tres mundos!.
En el mundo material, el amo mantiene al sirviente, pero éste siempre está pensando en cómo hacerse con la posición del amo. La historia nos ofrece muchos ejemplos al respecto, sobre todo en la India, donde, durante el gobierno musulmán, muchos sirvientes derrocaron a sus amos mediante intrigas y conspiraciones. En obras acerca del Señor Caitanya se cuenta la historia del gran zamindar Subuddhi Raya, que tenía por sirviente a un muchacho musulmán, al que, por supuesto, trataba como a su propio hijo, y al que, a veces, cuando el muchacho robaba algo, castigaba con una vara. Esos azotes dejaron una marca en la espalda del muchacho, quien, más tarde, por medio de intrigas, llegó a ser el nawab de Bengala, Hussain Shah. Un día, su esposa vio la marca de su espalda y le preguntó por ella. El nawab le explicó que, de niño, había sido sirviente de Subuddhi Raya, y que éste le había castigado por algunas travesuras que había hecho. La esposa del nawab se agitó mucho al saberlo, y pidió a su marido que matase a Subuddhi Raya. El nawab Hussain Shah, por supuesto, estaba muy agradecido a Subuddhi Raya y se negó a matarle; pero cuando su esposa le pidió que lo volviese musulmán, el nawab consintió en hacerlo. Para ello, salpicó a Subuddhi Raya con un poco de agua de su cántaro, y declaró que a partir de entonces Subuddhi Raya era musulmán. Es decir, este nawab había sido un insignificante sirviente de Subuddhi Raya, pero por diversos medios había logrado la elevada posición de nawab de Bengala. Así es el mundo material. Todo el mundo está trazando planes para ser el amo, aunque todos son sirvientes de sus sentidos. La entidad viviente, conforme a este sistema, trata de ser ama de todo el universo, aunque es sirviente de sus propios sentidos. Un ejemplo típico es Hiranyakasipu; los semidioses informaron a Brahma de sus intenciones.