naitādṛśānāḿ sva-jana-vyapekṣayā
gṛhān pratīyād anavasthitātmanām
ye 'bhyāgatān vakra-dhiyābhicakṣate
āropita-bhrūbhir amarṣaṇākṣibhiḥ
na — no; etÄdṛśÄnÄm — como ése; sva-jana — familiares; vyapeká¹£ayÄ â€” dependiendo de eso; gá¹›hÄn — en la casa de; pratÄ«yÄt — se debe ir; anavasthita — perturbada; ÄtmanÄm — la mente; ye — los que; abhyÄgatÄn — huéspedes; vakra- dhiyÄ â€” con una recepción frÃa; abhicaká¹£ate — mirando a; Äropita-bhrÅ«bhiḥ — con el ceño fruncido; amará¹£aṇa — iracundos; aká¹£ibhiḥ — con los ojos.
Por muy baja que una persona pueda ser, nunca será cruel con sus hijos, su esposa y sus familiares más cercanos; incluso el tigre es bondadoso con sus cachorros, pues en el reino animal los cachorros siempre reciben un trato cariñoso. Como Sati era la hija de Daksa, era natural esperar que éste, por muy cruel que fuese o por lo contaminado que estuviese, la recibirÃa con los brazos abiertos. Pero en este verso la palabra anavisthita nos indica que no se puede confiar en una persona asÃ. Los tigres son muy bondadosos con sus cachorros, pero también se sabe que a veces se los comen. No hay que confiar en las personas maliciosas, pues son muy inestables. De esta manera, Sati recibió el consejo de no ir a casa de su padre, pues en ese caso no era adecuado hacer consideraciones de parentesco y presentarse en su casa sin haber sido debidamente invitada.