puruṣasya ca saḿsthānaḿ
svarūpaḿ vā parasya ca
jñānaḿ ca naigamaḿ yat tad
guru-śiṣya-prayojanam
puruá¹£asya — de la entidad viviente; ca — también; saá¹sthÄnam — existencia; svarÅ«pam — identidad; vÄ â€” bien sea, o; parasya — del Supremo; ca — también; jñÄnam — conocimiento; ca — también; naigamam — en lo referente a los Upa- niá¹£ads; yat — eso; tat — lo mismo; guru — maestro espiritual; Å›iá¹£ya — discÃpulo; prayojanam — necesidad.
Las entidades vivientes son por naturaleza servidores del Señor, el cual puede aceptar toda clase de servicios de todo el mundo. Se afirma claramente (Bg. 5.29) que el Señor es el supremo disfrutador de los beneficios de todos los sacrificios y penitencias, el propietario de todo lo que está manifestado, y el amigo de todas las entidades vivientes. Ésa es Su verdadera identidad. Por lo tanto, cuando una entidad viviente acepta este supremo derecho de propiedad del Señor y actúa con esa actitud, recobra su verdadera identidad. Con objeto de elevar a la entidad viviente a ese nivel de conocimiento, se necesita de un contacto espiritual. El maestro espiritual genuino desea que sus discÃpulos conozcan el proceso de ofrecer servicio trascendental al Señor, y los discÃpulos también saben que tienen que aprender de labios de un alma iluminada todo lo referente a la relación eterna entre Dios y la entidad viviente. Para diseminar conocimiento trascendental, uno debe retirarse de las actividades mundanas, basándose en el poder de la iluminación que, en términos de la sabidurÃa védica, el conocimiento provee. Ésa es la esencia de todas las preguntas que se hacen en este verso.