sa evam ārādhita-pāda-tīrthād
adhīta-tattvātma-vibodha-mārgaḥ
praṇamya pādau parivṛtya devam
ihāgato 'haḿ virahāturātmā
saḥ — así, yo mismo; evam — de esa manera; ārādhita — adoré; pāda-tīrthāt — de la Personalidad de Dios; adhīta — estudié; tattva-ātma — conocimiento del ser; vibodha — entendiendo; mārgaḥ — sendero; praṇamya — después de saludar; pādau — a Sus pies de loto; parivṛtya — después de dar vueltas alrededor; devam — del Señor; iha — en este lugar; āgataḥ — llegué; aham — yo; viraha — separación; ātura-ātmā — acongojado en el ser.
La vida en sí de Sri Uddhava es el símbolo directo del catuh- sloki Bhagavatam que la Personalidad de Dios enunció primero a Brahmaji. Los especuladores mayavadis entresacan esos cuatro destacados e importantes versos del Srimad-Bhagavatam, y los interpretan con un significado diferente que se adapte a su punto de vista impersonal del monismo. He aquí la respuesta correcta para esos especuladores desautorizados. Los versos de el Srimad-Bhagavatam constituyen pura ciencia teísta que puede ser entendida por los estudiantes graduados de la Bhagavad-gita. Los áridos especuladores desautorizados son ofensores a los pies de loto de Sri Krsna, debido a que desvirtúan los significados de la Bhagavad-gita y el Srimad-Bhagavatam para descarriar al público y preparar una senda directa al infierno conocido como Andhatamisra. Como se confirma en la Bhagavad-gita (16.20), esos envidiosos especuladores se encuentran sin conocimiento, y están condenados con toda seguridad vida tras vida. Se refugian innecesariamente en Sripada Saṅkaracarya, pero él no fue tan drástico como para cometer una ofensa a los pies de loto de Sri Krsna. Según Sri Caitanya Mahaprabhu, Sripada Saṅkaracarya predicó la filosofía mayavada con un propósito específico. Semejante filosofía era necesaria para derrotar la filosofía budista de la no existencia del alma espiritual, pero no estaba destinada nunca a una aceptación perpetua. Se trataba de una emergencia. Así pues, Saṅkaracarya aceptó a Sri Krsna como Suprema Personalidad de Dios en su comentario a la Bhagavad- gita. Como era un gran devoto de Sri Krsna, no se atrevió a escribir ningún comentario al Srimad-Bhagavatam, debido a que eso habría sido una ofensa directa a los pies de loto del Señor. Pero especuladores posteriores, en el nombre de la filosofía mayavada, innecesariamente hacen su comentario acerca del catuh-sloki Bhagavatam, sin ningún propósito genuino.
A los áridos especuladores monistas no les incumbe el Srimad-Bhagavatam, debido a que su destacado autor mismo les ha prohibido esta Escritura védica en particular. Srila Vyasadeva ha prohibido definitivamente a las personas ocupadas en la religiosidad, el desarrollo económico, la complacencia de los sentidos y, finalmente, la salvación, que traten de entender el Srimad-Bhagavatam, el cual no está hecho para ellos (Bhag. 1.1.2). Sripada Sridhara Svami, el gran comentarista del Srimad-Bhagavatam, ha prohibido definitivamente a los salvacionistas o monistas tratar el Srimad-Bhagavatam. No es para ellos. Sin embargo, esas personas desautorizadas tratan perversamente de entender el Srimad- Bhagavatam, y en esa forma cometen ofensas a los pies del Señor, lo cual ni siquiera Sripada Saṅkaracarya se atrevió a hacer. De esa manera, se preparan para continuar una vida miserable. Aquí debe hacerse notar particularmente que Uddhava estudió los catuh-sloki Bhagavatam directamente con el Señor, quien los habló primeramente a Brahmaji, y esta vez el Señor explicó más confidencialmente el conocimiento del ser que se menciona como paramam sthitim. Al aprender dicho conocimiento del amor del ser, Uddhava se sintió muy acongojado por los sentimientos que le producía la separación del Señor. A menos de despertar a la etapa de Uddhava - sintiendo de manera perdurable la separación del Señor con amor trascendental, como exhibió Sri Caitanya - , no se puede entender el verdadero significado de los cuatro versos esenciales del Srimad-Bhagavatam. No se debe caer en el desautorizado acto de tergiversar el significado, y con ello colocarse en la peligrosa senda de la ofensa.