bāhūḿś ca mandara-gireḥ parivartanena
nirṇikta-bāhu-valayān adhiloka-pālān
sañcintayed daśa-śatāram asahya-tejaḥ
śańkhaḿ ca tat-kara-saroruha-rāja-haḿsam
bÄhÅ«n ā los brazos; ca ā y; mandara-gireįø„ ā de la montaƱa Mandara; parivartanena ā por la rotación; nirį¹ikta ā pulidos; bÄhu-valayÄn ā los adornos de los brazos; adhiloka-pÄlÄn ā la fuente de los controladores del universo; saƱcintayet ā debe meditar en; daÅa-Åata-aram ā el disco SudarÅana (diez cientos de radios); asahya-tejaįø„ ā brillo deslumbrante; Åaį¹ kham ā la concha; ca ā tambiĆ©n; tat-kara ā en la mano del SeƱor; saroruha ā semejante al loto; rÄja-haį¹sam ā como un cisne.
Todas las instituciones que velan por la ley y el orden emanan de los brazos de la Suprema Personalidad de Dios. Hay una serie de semidioses que regulan la ley y el orden del universo, y aquà se dice que emanan de los brazos del Señor. La mención de la colina Mandara en el verso se debe a que los semidioses y los demonios la utilizaron como palo de batir cuando, unos de un lado y otros del otro, batieron el océano. El Señor, en Su encarnación de tortuga, hizo de pivote para el palo de batir, y de este modo la rotación de la colina Mandara pulió Sus adornos. En otras palabras, los adornos de los brazos del Señor son tan brillantes y lustrosos como si estuviesen recién pulidos. La rueda que el Señor lleva en la mano, que recibe el nombre de cakra Sudarsana, tiene mil radios. Al yogi se le aconseja que medite en cada uno de los radios. Debe meditar en todas las partes que componen la forma trascendental del Señor.