kṣitau śayānaḿ tam akuṇṭha-varcasaḿ
karāla-daḿṣṭraḿ paridaṣṭa-dacchadam
ajādayo vīkṣya śaśaḿsur āgatā
aho imaḿ ko nu labheta saḿsthitim
kṣitau — en el suelo; śayānam — yaciendo; tam — Hiraṇyākṣa; akuṇṭha — sin desvanecerse; varcasam — lustre; karāla — terribles; daṁṣṭram — dientes; paridaṣṭaṭ — mordido; dat-chadam — labio; aja-ādayaḥ — Brahmā y otros; vīkṣya — habiendo visto; śaśaṁsuḥ — admirado dijo; āgatāḥ — llegó; aho — ¡oh!; imam — esta; kaḥ — qui; nu — en verdad; labheta — pudiera encontrar; saṁsthitim — muerte.
Aunque el demonio estaba muerto, el lustre de su cuerpo no se había desvanecido. Esto es muy singular, porque cuando muere un hombre o un animal, el cuerpo palidece inmediatamente, el lustre gradualmente se desvanece, y sobreviene la descomposición. Pero en este caso, aunque Hiranyaksa yacía muerto, su lustre corporal no se desvanecía, porque el Señor, el Espíritu Supremo, estaba tocando su cuerpo. El lustre corporal se conserva fresco sólo en tanto está presente el alma espiritual. Aunque el alma del demonio había partido del cuerpo, el Espíritu Supremo tocaba el cuerpo, y por esa causa no se había desvanecido su lustre corporal. El alma individual es diferente de la Suprema Personalidad de Dios. En verdad es muy afortunada la persona que ve a la Suprema Personalidad de Dios cuando abandona su cuerpo, y ,sta es la causa de que personalidades como Brahma y los dems semidioses elogiasen la muerte del demonio.