maitreya uvāca
avadhārya viriñcasya
nirvyalīkāmṛtaḿ vacaḥ
prahasya prema-garbheṇa
tad apāńgena so 'grahīt
maitreyaḥ uvāca — Maitreya dijo; avadhārya — tras oír; viriñcasya — de Brahmā; nirvyalīka — liberadas de toda intención pecaminosa; amṛtam — nectáreas; vacaḥ — palabras; prahasya — riendo de buena gana; prema-gharbheṇa — rebosante de amor; tat — aquellas palabras; apāṅgena — con una mirada; saḥ — la Suprema Personalidad de Dios; agrahīt — aceptó.
Es muy significativa la palabra nirvyalika. Las oraciones de los semidioses o devotos del Señor están libres de toda intención pecaminosa, pero las oraciones de los demonios siempre están llenas de intenciones pecaminosas. El demonio Hiranyaksa consiguió su poder al obtener de Brahma un don, y, tras conseguir ese don, creó el desorden con sus intenciones pecaminosas. Las oraciones de Brahma y otros semidioses no deben compararse con las oraciones de los demonios. Su intención es complacer al Señor Supremo; por esta causa, el Señor sonrió y aceptó el ruego de que matara al demonio. Los demonios, que nunca se interesan en alabar a la Suprema Personalidad de Dios, porque carecen de informción acerca de Él, se dirigen a los semidioses, y esto se condena en la Bhagavad-gita. Las personas que se dirigen a los semidioses y oran para progresar en las actividades pecaminosas, se considera que carecen de toda inteligencia. Los demonios han perdido toda inteligencia porque no saben cuál es realmente su interés personal. Incluso en caso de que tengan información acerca de la Suprema Personalidad de Dios, rehusan acercarse a Él; a ellos no les es posible conseguir de manos del Señor Supremo los dones que desean, porque sus intenciones siempre son pecaminosas. Se dice que los bandoleros de Bengala solían adorar a la diosa Kali buscando satisfacer sus deseos pecaminosos de saquear la propiedad de otras personas, pero nunca iban a un templo de Visnu, porque quizás no hubiesen tenido éxito al orar a Visnu. Por lo tanto, las oraciones de los semidioses o los devotos de la Suprema Personalidad de Dios jamás tienen el menor indicio de intenciones pecaminosas.