brahmovāca
eṣa te deva devānām
ańghri-mūlam upeyuṣām
viprāṇāḿ saurabheyīṇāḿ
bhūtānām apy anāgasām
āgas-kṛd bhaya-kṛd duṣkṛd
asmad-rāddha-varo 'suraḥ
anveṣann apratiratho
lokān aṭati kaṇṭakaḥ
brahmā uvāca — Brahmā dijo; eṣaḥ — este demonio; te — Tus; deva — ¡oh, Señor!; devānām — a los semidioses; aṅghri-mūlam — Tus pies; upeyuṣām — a los que han alcanzado; viprāṇām — a los brāhmaṇas; saurabheyīṇām — a las vacas; bhūtā-nām — a las entidades vivientes comunes; api — también; anāgasām — inocentes; āgaḥ-kṛt — un ofensor; bhaya-kṛt — una fuente de temor; duṣkṛt — malhechor; asmat — de mí; rāddha-varaḥ — habiendo obtenido una bendición; asuraḥ — un demonio; anveṣan — buscando; apratirathaḥ — sin tener un rival adecuado; lokān — por todo el universo; aṭati — vaga; kaṇṭakaḥ — siendo causa de irritación para todos.
Hay dos clases de entidades vivientes; a unas se las llama suras, o semidioses, y a las otras se las llama asuras, o demonios. Generalmente los demonios se inclinan a adorar a los semidioses, y hay evidencias de que con esa adoración adquieren abundante poder para complacer sus sentidos. Luego esto es motivo de perturbación para los brahmanas, semidioses y demás entidades vivientes inocentes. Habitualmente, encuentran defectos en los semidioses, los brahmanas y los inocentes, para quienes son constante causa de temor. La costumbre del demonio es adquirir poder de los semidioses y, entonces, molestar a los propios semidioses. Hay un ejemplo de un gran devoto de Siva que obtuvo de Siva la bendición de hacer saltar del tronco la cabeza de todo aquel a quien tocase con su mano. Tan pronto como se le ofreció la bendición, el demonio quiso tocar la propia cabeza de Siva. Éste es su modo de hacer. Sin embargo, los devotos de la Suprema Personalidad de Dios no piden ninguna gracia para complacer sus sentidos. Rehúsan incluso la liberación, si se les ofrece. Son felices con simplemente ocuparse en el servicio amoroso trascendental del Señor.