śrī-bhagavān uvāca
etau tau pārṣadau mahyaḿ
jayo vijaya eva ca
kadarthī-kṛtya māḿ yad vo
bahv akrātām atikramam
Å›rÄ«-bhagavÄn uvÄca — la Suprema Personalidad de Dios dijo; etau — estos dos; tau — ellos; pÄrá¹£adau — asistentes; mahyam — MÃos; jayaḥ — llamado Jaya; vijayaḥ — llamado Vijaya; eva — ciertamente; ca — y; kadarthÄ«-ká¹›tya — por no tener en consideración; mÄm — a MÃ; yat — los cuales; vaḥ — contra vosotros; bahu — gran; akrÄtÄm — han cometido; atikramam — ofensa.
Cometer una ofensa a los pies de un devoto del Señor es una gran equivocación. Una entidad viviente, una vez promovida a Vaikuntha, tiene todavÃa la posibilidad de acaso cometer ofensas, pero la diferencia está en que, cuando se reside en un planeta Vaikuntha, incluso si por azar se comete una ofensa, el Señor da Su protección. Éste es el hecho digno de destacar en los tratos entre el Señor y el servidor, como se ve en el incidente que comentamos acerca de Jaya y Vijaya. La palabra atikramam que aquà se usa señala que, cuando se ofende a un devoto, se desatiende también al propio Señor Supremo.
Por equivocación los porteros detuvieron la entrada de los sabios a Vaikuntha- loka, pero, como estaban ocupados en el servicio trascendental del Señor, ningún devoto avanzado hubiera supuesto que les aniquilarÃan. La presencia del Señor en el lugar complació mucho los corazones de los devotos. El Señor entendió que el problema se debÃa a que los sabios no habÃan visto Sus pies de loto, y por ello quiso complacerles yendo allà personalmente. El Señor es tan misericordioso que si hay algún impedimento ante el devoto, Él en persona dispone las cosas de tal manera que el devoto no se vea privado de tener una audiencia a Sus pies de loto. En la vida de Haridasa Thakura hay un ejemplo muy bueno: Cuando Caitanya Mahaprabhu vivÃa en Jagannatha Puri, Haridasa Thakura, que era musulmán por nacimiento, estaba con Él. En los templos hindúes, en aquellos dÃas especialmente, no se permitÃa entrar a nadie más que a los hindúes. Aunque Haridasa Thakura en comportamiento era el mejor de los hindúes, se tenÃa a sà mismo por musulmán, y no entraba al templo. Sri Caitanya pudo comprender su humildad, y como él no iba a ver el templo, el propio Sri Caitanya, no diferente de Jagan- natha, solÃa ir diariamente a visitar a Haridasa. También encontramos este mismo comportamiento del Señor en esta parte del Srimad-Bhagavatam. Negaron a Sus devotos el ver Sus pies de loto, pero el Señor en persona fue a verlos andando sobre precisamente aquellos pies que eran su aspiración. También es significativo que fuese acompañado por la diosa de la fortuna. La diosa de la fortuna no es objeto para la visión de las personas comunes, pero el Señor fue tan bondadoso que, aunque los devotos no aspiraban a tal honor, Él Se presentó ante ellos con la diosa de la fortuna.