ajuṣṭa-grāmya-viṣayāv

anapatyau ca dam-patī

na vavrāthe 'pavargaḿ me

mohitau deva-māyayā

ajuṣṭa-grÄmya-viá¹£ayÄu — para tener relaciones sexuales y engendrar un hijo como Yo; anapatyau — porque no teníais hijos; ca — también; dam-patÄ« — ambos, marido y mujer; na — nunca; vavrÄthe — pedisteis (ninguna otra bendición); apavagam — liberación de este mundo; me — de Mí; mohitau — sentir tanta atracción; deva-mÄyayÄ â€” con amor trascendental por Mí (deseando que fuese vuestro querido hijo).


Texto

Como marido y mujer que nunca habíais tenido hijos, os sentisteis atraídos por deseos sexuales, pues, por la influencia de devamaya, el amor trascendental, queríais tenerme a Mí por hijo. Por esa razón, nunca deseasteis liberaros del mundo material.

Significado

Vasudeva y Devaki habían sido dam-pati, marido y mujer, desde la época de Sutapa y Prsni, y querían permanecer así para tener como hijo a la Suprema Personalidad de Dios. Ese apego se debía a la influencia de devamaya. Amar a Krsna como hijo es un principio védico. Vasudeva y Devaki nunca abrigaron otro deseo que tener al Señor como hijo, y, si aparentemente desearon vivir como grhasthas corrientes entregados a la vida sexual, fue sólo con ese objetivo. Aunque el suyo fue un intercambio de potencia espiritual, su deseo se parece al apego por la vida sexual que se da entre los cónyuges. Quien desee ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios, debe abandonar esos deseos; pero eso sólo es posible cuando se ha adquirido un intenso amor por la Suprema Personalidad de Dios. Sri Caitanya Mahaprabhu dice:

niskiñcanasya bhagavad-bhajanonmukhasya
param param jigamisor bhava-sagarasya

(Cc. Madhya 11.8)

Quien desee ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios, debe ser niskiñcana, es decir, estar libre de todo deseo material. Por lo tanto, en lugar de desear que el Señor venga a este mundo para ser nuestro hijo, debemos desear liberarnos de todos los deseos materiales (anyabhilasita-sunyam) e ir de regreso al hogar, de vuelta a Dios. Sri Caitanya Mahaprabhu, en Su Siksastaka, nos enseña:

na dhanam na janam na sundarim
kavitam va jagad-isa kamaye
mama janmani janmanisvare
bhavatad bhaktir ahaituki tvayi

«¡Oh, Señor todopoderoso!, no tengo ningún deseo de acumular riquezas, ni deseo bellas mujeres, ni quiero tener seguidor alguno. Lo único que quiero es Tu servicio devocional sin causa vida tras vida». Nunca debemos pedir al Señor que nos satisfaga deseos con matices materiales.