tān dṛṣṭvā bhaya-santrastān

ūce kṛṣṇo 'sya bhī-bhayam

mitrāṇy āśān mā viramate-

hāneṣye vatsakān aham

tān — que aquellos terneros se marchaban; dáč›áčŁáč­vā — al ver; bhaya-santrastān — a los pastorcillos de vacas, angustiados por el temor de que los terneros fuesen atacados por algĂșn animal peligroso en la espesura del bosque; Ć«ce — Káč›áčŁáč‡a dijo; káč›áčŁáč‡aáž„ asya bhÄ«-bhayam — Káč›áčŁáč‡a, que es el principio activo del temor en todas sus formas (en presencia de Káč›áčŁáč‡a, el temor no existe); mitrāáč‡i — Mis queridos amigos; āƛāt — de vuestro disfrute de comer; mā viramata — no os detengĂĄis; iha — en este lugar, en este sitio; āneáčŁye — Yo voy a traer; vatsakān — los terneros; aham — Yo.


Texto

Cuando Krsna vio que Sus amigos los pastorcillos comenzaban a asustarse, Él, que controla de forma implacable al temor mismo, dijo para aliviarles de su miedo: «Mis queridos amigos, seguid comiendo tranquilos. Yo mismo irĂ© a buscar los terneros y os los traerĂ© de vuelta».

Significado

Con la amistad de Krsna, el devoto no puede sentir ningĂșn temor. Krsna es el controlador supremo; Él controla a la mismĂ­sima muerte, a quien se considera el temor supremo del mundo material. Bhayam dvitiyabhinivesatah syat (Bhag. 11.2.37). Ese temor surge de la falta de conciencia de Krsna; de no ser por ello, no puede haber ningĂșn temor. Para quien se ha refugiado en los pies de loto de Krsna, el mundo material, un mundo lleno de temores, se convierte en un lugar donde apenas hay peligros.

bhavambudhir vatsa-padam param padam
padam padam yad vipadam na tesam

Bhavambudhih, el océano material de temor, resulta muy fåcil de cruzar por la misericordia del controlador supremo. El mundo material, un mundo de peligro y miedo a cada paso (padam padam yad vipadam), no es para quienes se han refugiado en los pies de loto de Krsna. Esas personas se liberan del mundo material.

samasrita ye pada-pallava-plavam
mahat-padam punya-yaso murareh
bhavambudhir vatsa-padam param padam
padam padam yad vipadam na tesam

10.14.58)

Por consiguiente, todo el mundo debe refugiarse en la Persona Suprema, que es quien nos libera del temor, y de ese modo permanecer seguro.