nārada uvāca
mā kañcana śuco rājan
yad īśvara-vaśaḿ jagat
lokāḥ sapālā yasyeme
vahanti balim īśituḥ
sa saḿyunakti bhūtāni
sa eva viyunakti ca
nÄradaḥ uvÄca — NÄrada dijo; mÄ â€” nunca; kañcana — por todos los medios; Å›ucaḥ — te lamentes; rÄjan — ¡oh, Rey!; yat — porque; īśvara-vaÅ›am — bajo el control del Señor Supremo; jagat — el mundo; lokÄḥ — todos los seres vivientes; sa-pÄlÄḥ — incluso sus lÃderes; yasya — cuyos; ime — todos estos; vahanti — llevan; balim — medios de adoración; īśituḥ — para ser protegidos; saḥ — Él; saá¹yunakti — reúne; bhÅ«tÄni — a todos los seres vivientes; saḥ — Él; eva — también; viyunakti — dispersa; ca — y.
Todo ser viviente, ya sea de este mundo material o del mundo espiritual, se encuentra bajo el control del Señor Supremo, la Personalidad de Dios. Comenzando por Brahmaji, el lÃder del universo, y descendiendo hasta la insignificante hormiga, todos se rigen por la orden del Señor Supremo. Asà pues, la posición constitucional del ser viviente es la de estar subordinado bajo el control del Señor. El necio ser viviente, en especial el hombre, se rebela artificialmente en contra de la ley del Supremo, y, por ello es castigado como un asura o infractor de la ley. El ser viviente es puesto en una determinada posición por orden del Señor Supremo, y es de nuevo desplazado de ese lugar por orden del Señor Supremo o de Sus agentes autorizados. Brahma, Siva, Indra, Candra, Maharaja Yudhisthira, o, en la historia moderna, Napoleón, Akbar, Alejandro, Gandhi, Shubhash y Nehru, son todos sirvientes del Señor, y por la orden suprema del Señor, a ellos se los pone o se los quita de sus respectivas posiciones. Ninguno de ellos es independiente. Aun a pesar de que esos hombres o lÃderes se rebelan de manera de no reconocer la supremacÃa del Señor, no obstante mediante diversos sufrimientos, se les pone bajo el control de leyes del mundo material aún más rigurosas. Sólo el hombre necio dice, pues, que Dios no existe. A Maharaja Yudhisthira se le estaba convenciendo de esta cruda verdad, porque estaba sumamente abatido por la repentina partida de sus ancianos tÃos. A Maharaja Dhrtarastra se lo habÃa puesto en esa posición por sus acciones pasadas; él ya habÃa sufrido o disfrutado de los beneficios que acumuló en el pasado, pero por alguna razón y debido a su buena suerte, tenÃa un buen hermano menor, Vidura, y gracias a la instrucción de éste cerró todas las cuentas en el mundo material, para asà partir y lograr la salvación.
Por lo general, uno no puede cambiar mediante planes el curso de la felicidad y aflicción que le corresponden. Todo el mundo tiene que aceptarlas, porque aparecen por la sutil disposición de kala, o el tiempo invencible. De nada sirve tratar de contrarrestarlas. Lo mejor es, entonces, que uno se esfuerce por lograr la salvación, y esa prerrogativa se le da únicamente al hombre, en virtud de la desarrollada condición de sus actividades mentales e inteligencia. Es únicamente para el hombre que existen diferentes instrucciones védicas dirigidas al logro de la salvación durante la forma humana de existencia. Aquel que hace mal uso de esta oportunidad que le ofrece la inteligencia desarrollada, es en verdad condenado y se le pone en el seno de diversos tipos de sufrimientos, ya sea en esta vida actual o en el futuro. Ésa es la manera en que el Supremo controla a todo el mundo.